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El insufrible acoso
de los compañeros |
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| El acoso escolar, que meses atrás provocó el suicidio de un alumno en Hondarribia, no solo daña a las víctimas, sino también a los agresores y a las personas que lo consienten. |
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María José
Díaz-Aguado
Catedrática de Psicología de la Educación de la Universidad Complutense |
| A pesar
de que cada día valoramos más la paz, la
violencia sigue siendo uno de los problemas más
graves de la humanidad. Para erradicarla, conviene tener
en cuenta que sus causas y posibles soluciones son múltiples
y complejas, y que puede encontrarse en cada uno de los
escenarios en los que trascurre nuestra vida, incluso
en la escuela, en donde por su naturaleza educativa resulta
más difícil reconocer la violencia. Lo cual
puede explicar la extendida tendencia a negarla, sobre
todo, en sus manifestaciones más cotidianas, conocida
como |
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| conspiración del silencio, que hoy comenzamos a superar. Un primer paso necesario para prevenirla desde la educación. |
| En este artículo, se presentan
algunos de los resultados y propuestas de una larga serie de
investigaciones que la autora ha realizado desde la Universidad
Complutense, en el marco de un convenio con el Instituto de
la Juventud, sobre programas de intervención escolar
y familiar para prevenir todas las manifestaciones de la violencia,
incluida la violencia entre iguales, en la escuela y en el ocio.
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| Un viejo problema muy extendido |
| Para prevenir la violencia escolar hay que tener en cuenta que se trata de un problema tan antiguo y generalizado como la propia escuela tradicional, y que para su prevención es necesario modificar algunas de sus características, como se analiza a continuación. |
| Conviene no confundir problemas de gravedad y frecuencia muy desiguales, diferenciando la agresión (física o psicológica) que puntualmente un alumno puede sufrir o ejercer en un determinado momento de la repetición y agravamiento de dichas agresiones dentro de un proceso al que llamamos acoso, término utilizado como traducción del inglés bullying (derivado de bull: matón), y con el que se denomina un proceso que: |
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1 Suele implicar diverso tipo de conductas: burlas, amenazas, intimidaciones, agresiones físicas, aislamiento sistemático, insultos. |
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2 No se limita a un acontecimiento aislado, sino que se repite y prolonga durante cierto tiempo. Razón por la cual se produce en contextos, como la escuela, el barrio o el trabajo, que obligan a las personas a encontrarse con frecuencia y durante un período de tiempo de cierta duración. |
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3 Provocado por un individuo (el matón), apoyado generalmente en un grupo, contra una víctima que se encuentra indefensa, y no puede por sí misma salir de esta situación. |
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4 Y que se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas sin intervenir de forma directa. |
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| De acuerdo con lo anteriormente expuesto, cuando solo se tiene en cuenta la participación en un tipo de agresión, por ejemplo “poner motes que ofenden o ridiculizan”, los porcentajes de los adolescentes que se reconocen como agresores (el 13%) o víctimas (el 8%) son bastante superiores a los que se encuentran cuando se considera la globalidad de las situaciones que componen un proceso de acoso en la escuela, en cuyo caso los porcentajes se reducen considerablemente, en torno al 1,5% para los agresores, y al 2,9%, en lo que respecta a las víctimas. |
| Consecuencias del acoso |
| Como sucede con otras formas de violencia, el acoso entre escolares puede dañar a todas las personas que con él conviven: |
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• En la víctima produce miedo y rechazo al contexto en el que se sufre la violencia, pérdida de confianza en uno mismo y en los demás, así como diversas dificultades que pueden derivarse de todo ello (problemas de rendimiento, baja autoestima...). |
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• En el agresor aumentan los problemas que le llevaron a abusar de su fuerza: disminuye su capacidad de comprensión moral y empatía, identificándose con un estilo violento de interacción que representa un grave problema para su propio desarrollo, obstaculizando el establecimiento de relaciones positivas con el entorno que le rodea. |
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• En las personas que no participan directamente de la violencia pero que conviven con ella sin hacer nada para evitarla puede producir, aunque en menor grado, problemas parecidos a los que se dan en la víctima o en el agresor (miedo a poder ser víctima de una agresión similar, reducción de la empatía...), y que contribuyen a que aumente la falta de sensibilidad, la apatía y la insolidaridad respecto a los problemas de los demás, características que aumentan el riesgo de que sean en el futuro protagonistas directos de la violencia. |
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• En el contexto institucional en el que se produce, la violencia reduce la calidad de la vida de las personas, dificulta el logro de la mayoría de sus objetivos (trasmisión de valores, aprendizaje, calidad del trabajo...) y hace que aumenten los problemas y tensiones que la provocaron, pudiendo activar una escalada de graves consecuencias. |
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| Características de los agresores |
| El estudio que hemos realizado con adolescentes refleja que los que se reconocen como agresores en la escuela y en el ocio se diferencian de sus compañeros por: |
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1 Estar más de acuerdo con las creencias que llevan a justificar la violencia y la intolerancia en distinto tipo de relaciones, incluidas las relaciones entre iguales, manifestándose también como más racistas, xenófobos y sexistas. Es decir, que tienden a identificarse con un modelo social basado en el dominio y la sumisión. |
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2 Una menor disponibilidad de estrategias no violentas con las que resolver conflictos entre iguales, así como una mayor disponibilidad para la agresión. |
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3 Dificultades para ponerse en el lugar de los demás. Su razonamiento moral es más primitivo, siendo más frecuente entre ellos la identificación de la justicia con “hacer a los demás lo que te hacen a ti o crees que te hacen”, orientación que puede explicar su tendencia a vengar reales o supuestas ofensas. Y se identifican con una serie de conceptos estrechamente relacionados con el acoso escolar, como los de chivato y cobarde, que utilizan para justificarlo y mantener la conspiración del silencio que lo perpetúa. |
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4 Están menos satisfechos que los demás con su aprendizaje escolar y con las relaciones que establecen con los profesores. |
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5
Sus compañeros los perciben
como intolerantes y arrogantes y, al mismo tiempo, como
que se sienten fracasados. El conjunto de las características
en las que destacan sugiere que cuentan con iguales que
los siguen en sus agresiones, formando grupos con disposición
a la violencia, en los que se integrarían individuos
que han tenido pocas oportunidades anteriores de protagonismo
positivo en el sistema escolar. |
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6 Su frecuencia es mayor en la adolescencia temprana (13-15 años), cuando se experimenta una mayor dependencia del grupo de compañeros, particularmente en segundo y tercero de la ESO, los cursos que suelen resultar más difíciles para el profesorado de Secundaria. |
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| Los resultados anteriormente expuestos ponen de manifiesto la importancia que tiene erradicar situaciones de exclusión desde las primeras etapas educativas y favorecer la identificación de los adolescentes con los valores de respeto mutuo, empatía y no violencia, para prevenir el acoso entre escolares. |
| Culpabilizar a la víctima |
| Con mucha frecuencia, el agresor justifica el acoso culpabilizando a la víctima en lugar de sentirse culpable él, viéndose a sí mismo como una especie de héroe o como alguien que se limita a reaccionar ante provocaciones, y a la víctima como alguien que merece o que provoca la violencia. Como sucede con otras formas de violencia, resulta sorprendente que, con cierta frecuencia, las propias víctimas, e incluso las personas de su entorno, distorsionen la atribución de responsabilidad en una dirección similar a la anterior, exagerando la responsabilidad de la víctima (por haber ido por un lugar determinado o no haber obedecido, por ejemplo), y con ello su sentimiento de culpabilidad, y justificando así, aunque sea indirecta e involuntariamente, al agresor. |
| Esta extendida tendencia a creer que la víctima hizo algo que provocó el acontecimiento sufrido (violencia, o cualquier otro suceso de graves consecuencias) está relacionada con la necesidad que tenemos todos de creer que el mundo es justo; hipótesis que nos permite confiar en que los graves acontecimientos que observamos a nuestro alrededor no nos sucederán. Lo malo de esta tendencia es que puede llevarnos a distorsionar la percepción de dichos acontecimientos, a inhibir la solidaridad con sus víctimas y a reducir nuestra eficacia cuando intentemos ayudar a un adolescente que se encuentra en dicha situación. |
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| Pautas para erradicar la violencia |
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La serie de investigaciones que hemos realizado refleja la eficacia que tienen las siguientes condiciones para prevenir toda forma de violencia, incluido el acoso escolar: |
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| 1 Adaptar la educación a los actuales cambios sociales, desarrollando la colaboración a múltiples niveles. Para lo cual es preciso redefinir los papeles educativos, dando a todos los alumnos un protagonismo académico positivo, favoreciendo la colaboración en el aula, así como entre la familia y la escuela y con el resto de la sociedad. |
| 2 Mejorar la calidad del vínculo educativo y erradicar situaciones de exclusión. Para lo cual es necesario que el profesorado recupere autoridad, a través de condiciones que hagan que sus alumnos lo vean como un aliado, como alguien en el que confían y al que pueden recurrir en caso de necesitarlo, que los ayuda a definir y desarrollar sus propios proyectos escolares, y a identificarse con su escuela. Los procedimientos educativos participativos, como el aprendizaje cooperativo en grupos heterogéneos, son de gran eficacia para conseguir estos dos objetivos. |
| 3 Desarrollar alternativas a la violencia en los contextos y en los individuos: |
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• Estableciendo contextos y procedimientos tanto en la familia como en la escuela (como las asambleas de aula que pueden llevarse a cabo en las tutorías) a través de los cuales de forma normalizada (sin que nadie se sienta amenazado en ellos) puedan expresarse las tensiones y las discrepancias y resolverse los conflictos sin recurrir a la violencia (a través de la comunicación, la negociación, la mediación...). |
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Y promoviendo alternativas en todos los individuos
(alumnado, profesorado...) a través
de habilidades
que permitan afrontar la tensión y
resolver los conflictos sin recurrir a la
violencia. |
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| 4 Enseñar a rechazar toda forma de violencia, favoreciendo desde la educación una representación de la violencia que ayude a tomar conciencia de lo destructiva que es en todas sus manifestaciones, no solo para la víctima hacia la que se dirige sino también para quien la utiliza y para el sistema social en el que se produce, aplicando esta toma de conciencia a sus manifestaciones más cotidianas, como las agresiones psicológicas entre escolares (en forma de insultos, motes...). Y para ello hay que erradicar también las distorsiones morales que llevan a justificar el acoso, como la calificación de chivato y de cobarde a la persona que denuncia la violencia para ayudar a la víctima a salir de dicha situación, empleadas por los agresores para mantener la conspiración del silencio. |
| 5 Ayudar a romper la tendencia a la reproducción de la violencia y sus secuelas. La exposición a la violencia puede llevar a justificarla e incrementa considerablemente el riesgo de ejercerla, es decir que, como suele reconocerse, la violencia genera violencia. No es menos cierto, sin embargo, que esta cadena puede interrumpirse proporcionando, como antídotos contra sus secuelas, relaciones basadas en la empatía, la confianza y la solidaridad; oportunidades para comprometerse con la no-violencia; un contexto protegido en el que expresar y superar las emociones producidas por la violencia; y habilidades que permitan afrontar el estrés y resolver los conflictos sociales de forma no violenta. |
| 6 Mejorar la eficacia educativa de la disciplina. La impunidad ante la violencia hace que ésta genere más violencia, contribuyendo a reforzar las distorsiones que la potencian. La sanción puede ayudar a corregir dichas distorsiones, enseñando a asumir responsabilidades a quien las tiene y a no sentirse culpable a quien no lo es. La eficacia educativa de la disciplina se incrementa cuando ayuda a que el agresor entienda lo destructiva que es la violencia, se arrepienta de haberla utilizado, intente reparar el daño originado y desarrolle alternativas constructivas para no volver a recurrir a ella en el futuro en situaciones similares, integrando estos componentes con coherencia dentro de un proceso global. |
| 7 Prevenir la victimación. Para reducir la vulnerabilidad que toda persona puede sufrir si es víctima, es preciso enseñar desde la educación habilidades para: detectar lo que es el abuso; decir que no en situaciones de riesgo; pedir ayuda cuando se necesita, puesto que de lo contrario el problema suele hacerse cada vez más grave; y estar preparado emocionalmente para no sentirse culpable cuando se es la víctima. La evaluación de estas intervenciones refleja que hay dos cosas que los niños y adolescentes suelen olvidar con frecuencia y en las que es preciso insistir: que hay secretos que no hay que guardar; y que la víctima no debe sentirse culpable de la violencia o el abuso sufridos. Es muy importante que desde la familia y desde la escuela se proporcione la confianza necesaria para pedir ayuda frente al abuso, superando la frecuente tendencia a reñir o a culpabilizar cuando comienzan a contar que han sido víctimas, puesto que de lo contrario puede incrementarse el sentimiento de culpabilidad que con frecuencia sienten en dichas situaciones y la tendencia a ocultarlas por miedo, privando así del apoyo necesario para salir de la situación y curarse de sus secuelas. |
| 8 Insertar la prevención de la violencia en un contexto más amplio: empatía, respeto mutuo y derechos humanos, estimulando el desarrollo de: 1) la capacidad para ponerse en el lugar del otro, motor básico de todo el desarrollo social y que en sus niveles más evolucionados se extiende a todos los seres humanos; 2) la comprensión de los derechos universales y la capacidad de usar dicha comprensión en las propias decisiones morales, coordinando dichos derechos con el deber de respetarlos. Al incluir el rechazo a la violencia dentro de esta perspectiva, como una grave amenaza a los derechos humanos, se favorece su comprensión como un problema que nos afecta a todos, puesto que pone en peligro el nivel de justicia necesario para que se respeten también nuestros derechos. |
| 9 Prevenir la intolerancia y el sexismo. Determinadas actitudes y creencias existentes en nuestra sociedad hacia los papeles y relaciones en cuyo contexto se produce la violencia ejercen una decisiva influencia en el riesgo de ejercerla, como son las creencias racistas, sexistas, xenófobas, la justificación de la violencia entre iguales como una expresión de valentía, o cualquier otra creencia que lleve a rechazar a las personas que se perciben diferentes, situación en la que todos podemos encontrarnos. De lo cual se deriva la necesidad de enseñar a detectar y corregir dichas actitudes como un requisito necesario para prevenir la violencia en todas sus manifestaciones. |
| 10 Romper la conspiración del silencio sobre la violencia escolar e insertar su tratamiento en un contexto normalizado orientado a mejorar la convivencia, en el que las víctimas puedan encontrar la ayuda que necesitan, sin ser estigmatizadas por ello, y los agresores puedan recibir el tratamiento disciplinario que requieren. |
| 11 Educar en la práctica los valores democráticos que representan la antítesis de la violencia: diálogo, respeto mutuo, tolerancia, igualdad, búsqueda del bien común. Conviene recordar, en este sentido, que educamos con nuestras explicaciones, con la teoría, pero sobre todo con la práctica, con las relaciones y actividades que llevamos a cabo desde la educación. Es decir, que la democracia y la no-violencia se aprenden con la práctica. |
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| Pedir ayuda frente al acoso |
| Cuando se pregunta a los adolescentes a quién piden o pedirían ayuda en el caso de sufrir acoso se observa que las figuras más disponibles son los amigos (para el 92%), los compañeros en general (para el 87%), la madre (para el 85%) y el padre (para el 83%). Llama la atención la menor tendencia a pedir ayuda al profesorado (el 66%) teniendo en cuenta su presencia en el contexto escolar en el que se producen los problemas por los que se pregunta. Estas diferencias en la tendencia a pedir ayuda parecen estar estrechamente relacionadas con las que se observan en la calidad de la relación que establecen con cada figura, con la confianza. Por lo que parece necesario mejorar la relación que los y las adolescentes establecen con el profesorado de Secundaria para incrementar la tendencia a pedirle ayuda cuando son víctimas de la violencia o conocen a compañeros que la sufren. |
| Las respuestas de los adolescentes al preguntarles qué hacen los profesores cuando se producen agresiones entre escolares, reflejan que el profesorado intenta ayudar, pero que a veces no se entera o no sabe impedirla. Conviene destacar que la mayoría valora favorablemente la posibilidad de contar con algún profesor cuando surge la violencia entre iguales, haciendo generalmente referencia a profesores que trasmiten confianza y disponibilidad para ayudar. |
| El acoso y la escuela tradicional |
| Los estudios realizados durante las dos últimas décadas en distintos países llevan a destacar tres características de la escuela tradicional que dificultan la erradicación de la violencia entre escolares: |
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• La tendencia a minimizar la gravedad de las agresiones entre iguales, considerándolas como inevitables, sobre todo entre chicos, o como problemas que deben aprender a resolver por sí mismos, sin que los adultos intervengan, para hacerse más fuertes, para “curtirse”. |
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• El tratamiento tradicionalmente dado a la diversidad actuando como si no existiera. En función de lo cual puede explicarse que el hecho de estar en minoría, ser percibido como diferente, tener un problema, o destacar por una cualidad envidiada, incremente la probabilidad de ser elegido como víctima de acoso (a través de motes, aislamiento...). |
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• Y la insuficiencia de la respuesta que la escuela tradicional suele dar cuando se produce la violencia entre escolares, que deja a las víctimas sin la ayuda que necesitarían para salir de la situación y suele ser interpretada por los agresores como un apoyo implícito. Esta falta de respuesta está relacionada con la forma tradicional de definir el papel del profesorado, especialmente en Secundaria, orientado de forma casi exclusiva a impartir una determinada materia en un horario específico. Y como sugieren los propios profesores, podría superarse si recibieran una formación adecuada para afrontar el tipo de problemas que conducen a la violencia desde una perspectiva de ciudadanía democrática. |
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| Aunque cada día es mayor la disponibilidad del profesorado para acabar con los problemas anteriormente expuestos, y ello debería contribuir a erradicar la violencia escolar, no siempre sucede así, debido a la dificultad que supone cambiar pautas profundamente arraigadas en dicha institución, así como a la existencia de nuevos riesgos de violencia que afectan especialmente a los adolescentes en esta revolución tecnológica que nos ha tocado vivir. |
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