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¿Para qué sirve el cole? |
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| La Educación
Infantil (de 0 a 6 años) es el primer nivel del sistema
educativo. No es obligatoria, pero dado el momento evolutivo
en que se encuentran los niños es conveniente que la
cursen, ya que su objetivo es impulsar el desarrollo global
de todas las capacidades del pequeño. El Estado garantiza
la escolarización gratuita de los niños de entre
3 y 6 años cuyos padres así lo deseen. |
Virginia González |
Para los más pequeños, la escuela dispone de un sinfín de actividades a través de
las cuales aprenderán cada día, sin esfuerzo y en un ambiente cálido y afectuoso,
algo nuevo. Y en compañía de los demás, se esforzarán, poco a poco, por
encontrar su lugar. |
| Un objetivo prioritario |
La meta de esta etapa educativa es el desarrollo equilibrado de las capacidades físicas,
afectivas, intelectuales, sociales y morales del niño. Todas ellas en la misma medida,
sin establecer jerarquías, porque todas son igualmente importantes si queremos que
nuestros hijos se desarrollen como personas libres. En la escuela no se
adquieren exclusivamente saberes intelectuales, sino que, inmersos
en un grupo, los niños irán saliendo de su universo familiar y
aprenderán a vivir. |
| Grandes amigos y grandes adquisiciones |
La figura del profesor/a es muy importante. No solamente es el amigo y “compañero”
que guía al niño, sino también el profesional que conoce sus necesidades y las
dificultades con las que se va encontrando, y quien contribuye, junto a sus padres,
a que las supere. Es la persona que hace que, en la escuela, cada niño se sienta
importante y protagonista de sus progresos. |
Por otra parte, la relación y convivencia con sus iguales es también muy
enriquecedora, ya que a estas edades los niños aprenden fundamentalmente por
imitación, y cada uno de los compañeros va a proporcionar al otro numerosas ideas
y estímulos diferentes. |
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| Aunque todavía le cuesta compartir al adulto, los juegos y pertenencias, el niño de 3 años irá abandonando poco a poco la absoluta dependencia que le unía a sus padres a medida que comienza su vida en colectividad. Descubrirá el mundo gracias a su enorme curiosidad, empezando por su entorno más cercano. |
| El niño de 4 años ya muestra su independencia y disfruta haciendo las cosas por sí solo. Su amplia curiosidad y gran vitalidad le llevarán a descubrir a su grupo, su entorno y la noción de tiempo. Sus movimientos son más coordinados y su lenguaje le permite expresarse y dialogar. Ya conoce el concepto de cantidad, realiza series lógicas y disfruta con dados y dominós. Su grafismo se perfecciona y es capaz de escribir letras sueltas e incluso palabras, y de representar la figura humana. |
| El niño de 5 años ya ha escalado la gran montaña de su desarrollo. A partir de ahora, aunque sus cambios no impresionan tanto, sigue madurando. Se hace más autónomo, aprende a organizarse y a ocuparse de sus asuntos. Su relación con los demás la plantea en términos amistosos, conoce y respeta las reglas. Su visión del mundo se amplía: observa, experimenta, se hace preguntas y busca soluciones. Sus movimientos son más planificados y ajustados y comienza a consolidarse la lateralidad. Hablar es, para él, un placer. Ensaya la lectura, mide, añade y quita. Su destreza manual es cada vez más precisa. |
| Jugando es más fácil |
| El juego es siempre un gran elemento motivador. El niño que está dispuesto a jugar está dispuesto a aprender. A través del juego, el niño experimenta, asimila información, encuentra soluciones a sus problemas... Y lo más importante: lo hace de forma relajada y disfrutando. |
| No hay ningún niño igual a otro, pero todos tienen algo en común: el interés y el placer por el juego. En la escuela se proponen situaciones y materiales lo suficientemente variados para que todos los niños, sin excepción, se sientan atraídos. Juego simbólico, manipulación de elementos, juegos de movimiento y actividades para escuchar, atender, hablar, cantar, comprender, relacionar... y reír. |
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| La jornada de los más pequeños |
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La programación de las actividades a lo largo del día está condicionada por las exigencias e intereses de los niños. Su necesidad de alimento, higiene y descanso organiza la jornada. Sus cortos períodos de atención (no más de 5 ó 10 minutos) y su necesidad imperiosa de moverse y hablar establecerán que a la actividad le suceda el descanso y que a las tareas que requieren mayor concentración sigan las que permiten mayor esparcimiento. |
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| Es muy importante que los niños conozcan y comprendan el horario establecido para su grupo. Eso les ayudará a situarse y orientarse en el tiempo y a tener puntos de referencia claros. La regularidad en el desarrollo de la jornada les da seguridad, pero también hay que estar abiertos a la improvisación. Aunque la rutina es importante para el niño, a veces hay que ser espontáneo y aprovechar las situaciones imprevistas que sean enriquecedoras. |
| Las actividades se suceden sin fin, pero respetando siempre la regla de oro que garantiza el orden de los hábitos infantiles: toda actividad que comience debe terminar y el material empleado, de nuevo colocado en su sitio. |
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