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  Mucho más que ejercicio físico
 
La educación física es algo más que hacer deporte. Es una disciplina a través de la cual se pueden inculcar valores como el reto personal, la autodisciplina, la participación de todos, el respeto a los demás, la cooperación o la amistad.
Javier Sanz
La aparente pérdida de valores por parte de los jóvenes es uno de los motivos de queja más recurrentes en la sociedad de nuestros días. Pese a que con demasiada frecuencia ésta parece desdeñarlos y fomentar los que parecen su reverso, no por ello cesa el lamento. Como casi siempre que se ve en una encrucijada, el colectivo social vuelve los ojos a la escuela para exigir aquello que él mismo se muestra incapaz de proporcionar a las nuevas generaciones.
La educación, lo recuerdan los expertos, no es neutra, y educar no es solo instruir, sino también transmitir unas certezas, unas ideas o unas maneras de ser. La actividad física y el deporte no son por sí mismos generadores de valores sociales y personales, pero sí constituyen espacios idóneos para su promoción y desarrollo. Todo dependerá, por tanto, del uso, acertado o no, que de ellos se haga.
Así, al menos, lo cree Melchor Gutiérrez, profesor de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y de la Escuela de Magisterio de Valencia, quien, más allá de una definición académica y compleja, se queda con la sencilla idea de que los valores son aquello que se valora y que es importante para el individuo y para la sociedad. Autor del libro Valores sociales y deporte, Gutiérrez afirma que éstos constituyen un elemento central de la persona sin los cuales no puede desarrollarse armónicamente y que, además de tener una importancia relativa –ya que pueden serlo mucho para unas personas y no para otras–, presentan una jerarquía, pues pueden tener una relevancia grande en un momento de nuestra vida y luego dejar de tenerla, o bien ir incrementando su valor a medida que la persona madura o va adquiriendo su personalidad.
Valores personales y sociales
La habilidad, la creatividad, la diversión, el reto personal, la autodisciplina, el autoconocimiento, el mantenimiento o la mejora de la salud, el logro, la deportividad o la honestidad, son, entre otros muchos, algunos de los valores personales que Melchor Gutiérrez considera más susceptibles de alcanzar mediante la actividad física. Pero, junto a ellos, pueden lograrse asimismo valores sociales como la participación de todos, el respeto a los demás, la cooperación, la relación social, la amistad o la pertenencia a un grupo, así como el trabajo en equipo, la expresión de sentimientos, la responsabilidad social, el compañerismo o la preocupación por los demás.
El profesor valenciano, quien resalta el papel fundamental del docente en la promoción de valores, señala también que no existe una lista permanente e invariable y que en cada sitio y en cada momento habrá necesidad de desarrollar unos u otros, o bien de erradicar aquellos que constituyen contravalores. “En un lugar en el que haya mucha agresividad, habrá que fomentar la cooperación, el trabajo en equipo. En zonas en las que existe un problema de integración de alumnado inmigrante habrá que favorecer la atención a la diversidad, la educación para la paz, el reconocimiento de los valores del otro”, apunta.
Integración de minorías
Pedro Vivó, profesor de Educación Física en un instituto de Valencia y autor de una tesis doctoral que profundiza en el desarrollo de los valores y el razonamiento moral a través de esta asignatura en la Educación Secundaria, es uno de los que han seguido la estela iniciada por ese grupo de pioneros entre los que se encuentra Melchor Gutiérrez. Vivó también ve en la actividad física un importantísimo factor de integración de minorías, algo que comprueba a diario en sus propias clases en un centro que tiene entre un 10% y un 15% de alumnos inmigrantes. En otras materias, dice, existe el problema del idioma, de la comunicación, pero la actividad física, en la que por mimetismo se puede aprender del otro, es una de esas materias que resultan “fácilmente integradoras”.
Cada etapa evolutiva presenta, lógicamente, unas características específicas, y el trabajo del profesor debe enfocarse de una manera distinta. “Hasta los 6 ó 7 años no existe demasiado sentimiento de grupo”, explica Melchor Gutiérrez. “Es una etapa psicológica de bastante egocentrismo, en la que el juego cooperativo y social no está desarrollado”. En cambio, la cooperación es uno de los elementos importantes en el tramo que va de los 6 a los 12 años, que es el periodo en el que se consolida la personalidad, y en el que los chavales aprecian mucho la honradez de sus compañeros y su fidelidad entre sí y hacia el profesor. En la adolescencia, prosigue Gutiérrez, se empiezan a crear unos sentimientos de competitividad mucho mayor: “Necesitan medirse las fuerzas, y muchas de las actividades físico-deportivas van encaminadas a ver cuál es su puesto en el grupo”. Competitividad que, como resalta Pedro Vivó, debe encauzarse siempre de una manera deportiva, pero que es mayor entre los chicos que entre las chicas. A su juicio, las chicas ven en la actividad deportiva una manera de integrarse socialmente, “porque el acceso al deporte les cuesta mucho más”.
   Recomendaciones a los padres
Animar a los hijos a que practiquen deporte para sí mismos, no para los demás.
Propiciar la práctica deportiva conjunta, de manera que se trate de una experiencia compartida.
Inculcar en los hijos el espíritu del disfrute por la actividad por encima de cualquier otro interés y facilitar en lo posible experiencias deportivas tempranas.
Mostrar interés por la práctica deportiva del hijo/a y permitir que practique según su propio nivel, sin una excesiva presión hacia el rendimiento.
La finalidad de los deportes infantiles y juveniles, en ocasiones, es permitir a los padres revivir sueños no realizados. Se debe procurar no caer en este error intentando convertir al hijo/a, contra su voluntad, en algo que los padres hubieran querido llegar a ser.
Destacar los principios de deportividad y juego limpio que siempre deben imperar en toda acción humana.
Competitividad insana
Pero el trabajo de difundir prácticas deportivas saludables no es sencillo. A menudo, Melchor Gutiérrez y Pedro Vivó se ven como profetas en un desierto intentando fomentar unos valores en una sociedad que pone en práctica todo lo contrario. Gutiérrez está convencido de que la educación física, el deporte escolar y el deporte profesional deberían apuntar a una misma dirección, pero es consciente de que este último está contaminando a los anteriores con sus malas prácticas y su competitividad insana.
Frente a ello, propone un modelo en el que la familia, el profesorado de educación física y los responsables de diseñar las políticas educativas asuman cada uno su papel y contribuyan a desarrollar y promover los valores sociales y personales a través de la actividad física. Puede parecer una utopía, y ellos lo saben, pero también están convencidos de la necesidad que existe de decirlo en voz alta.