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  Así nos ven los profesores
 
Los profesores pasan mucho tiempo con nuestros hijos, los conocen bien y son parte importante de su formación. ¿Qué piensan ellos de la actitud de los padres? ¿Se sienten solos o apoyados en su tarea educativa? Hemos reunido a nueve profesores para que nos den sus impresiones, y esto es lo que dijeron.
Javier Fernández
Manuel. La situación de los padres es de absoluta diversidad. Los padres son distintos por formación, por cultura y por concepción de la propia educación. Pero, si tuviera que destacar algo común a ellos, diría que viven la escuela como una prolongación de su responsabilidad de educar a los hijos. Tengo la sensación de que se vierten sobre nosotros, los profesores, una serie de competencias que no son propias de la escuela. La emancipación de la mujer, el hecho de que el niño esté muy pocas horas con los padres… hacen que el padre proyecte en la escuela la necesidad de que se eduque al hijo no solo en cuestiones académicas, sino también en otras que son más propias de los padres que nuestras. La participación de las familias en las APA es bajísima. El padre se relaciona con el centro más bien en función de problemas excepcionales. Vienen cuando su hijo ha tenido un problema o ha tenido unos resultados académicos muy malos.
Ramón. Mi impresión es que escasamente una tercera parte de los padres tiene contacto, habitual o circunstancial, con los centros. Los grandes ausentes del instituto son los padres de los chavales más problemáticos.
Belén. Pienso que, en general, los centros tienen bien articulado el sistema de comunicación con los padres, y es bastante directo. Aunque el padre y la madre trabajen, siempre está a mano el teléfono. Pero existe cierta pasividad, y esto se traduce en cierta soledad del profesor, sobre todo cuando aparece un problema serio.
Pepe. En infantil, la relación con los padres es más fácil de lo que estáis reflejando, porque el mismo padre deja al niño en el aula, y el contacto es diario. La participación es bastante alta y, en general, satisfactoria. La queja de los maestros de Infantil normalmente no es ésa, sino otra, y es que muchos padres jóvenes continúan entendiendo la escuela infantil como el sitio donde dejar al niño porque ellos necesitan trabajar. Falta aún conciencia de que el tramo infantil de la escuela no es una guardería, sino un lugar educativo.
Nieves. Yo trabajo en quinto y sexto de Primaria. En nuestro colegio, la participación de los padres es del cien por cien, porque a los que no vienen a hablar, los llamamos los profesores. Por lo tanto, para mí el problema no está en la falta de contacto con los padres, sino en la desorientación que éstos tienen. Cuando hablas con ellos, te das cuenta de que no saben cómo actuar con los niños, no saben de qué manera ayudarlos. Te das cuenta de que en la mayoría de las familias no existe la autoridad familiar, no hay límites, y los niños viven un poco a su aire, sobre todo cuando la madre trabaja. Y una cuestión que me preocupa mucho es el nivel de ansiedad que tienen los alumnos. Esto está aumentando muchísimo últimamente, y se da, sobre todo, en los chicos. No sabemos realmente a qué puede deberse, pero me parece alarmante. Las familias están obsesionadas porque el niño esté ocupado todo el día; los niños tienen montones de actividades y están nerviosos.
Maribel. A menudo, cuando los padres vienen a vernos, llegan con la idea de defender al niño; no vienen en la actitud de hacer causa común con nosotras de cara a educar a los pequeños.
Carmen. Yo estoy también en el mismo centro que Maribel y que Nieves, pero en Secundaria, de forma que podemos ver todo el proceso. En Secundaria, los padres ya no hacen causa común con sus hijos. Al contrario, vienen a buscar los resortes que han perdido a lo largo de toda la “causa común” que hicieron con ellos. Por lo tanto, en el tramo educativo mío, tenemos a los padres muy de nuestro lado, y realmente están muy pendientes. Vienen asiduamente, cada evaluación, pero vienen con angustia y con una gran impotencia a preguntar qué tienen que hacer ante unos hijos que en ese momento pueden ya más que ellos; se preguntan qué hacer con unos hijos que, si te dicen “no”, es “no”.
Manuel. Los alumnos tienen hoy unos problemas de límites fundamentales, y estos problemas acaban volviéndose incluso contra ellos mismos, porque acaban perdiendo las referencias para vivir. Los padres llegan cuando el niño tiene quince años y te dicen: “Mire, es que no me hago con él”. ¿Qué ha pasado? Que el padre, para que no se reprodujera su propia experiencia, le ha consentido todo, ha procurado que no le faltara nada, y esa falta de límites luego genera importantes problemas. Los institutos de educación secundaria podían haberse llamado institutos de “enseñanza” secundaria, pero se llaman de “educación” porque el legislador quería resaltar, junto al aspecto instructivo de la enseñanza, otros como la educación para la convivencia, para la salud, para la paz, para el respeto entre los sexos… El centro educativo debe reforzar estos aspectos en colaboración con la familia, y sin quitarle a ésta la responsabilidad que tiene en la educación de los hijos.
Los padres han de prepararse para la adolescencia de los hijos,
y necesitan formarse como padres
Pepe. Es verdad que la escuela de padres tiene más participación en Infantil que en otros niveles educativos, pero sigue siendo muy baja. Y es importante que los padres tengan clara la cuestión de que estamos hablando: que lo que no se empieza a trabajar desde el principio, generalmente se vuelve contra nosotros. Los padres han de prepararse para la adolescencia de los hijos, y necesitan formarse como padres. Conocer las etapas evolutivas de los hijos, los criterios que se deben seguir, cómo establecer con ellos estrategias de acercamiento y otras cuestiones similares que se trabajan desde la escuela de padres, es muchísimo más importante para tener un chaval integrado y sano que regalarle una bici o un móvil.
Paloma. En esta sociedad, tenemos un problema que no hemos sabido resolver, y es que nos hemos incorporado hombres y mujeres al trabajo, sin más planteamientos, y hemos dejado que la escuela se ocupara de nuestros hijos. Estoy a favor del trabajo de la mujer, pero hombres y mujeres hemos de ver cómo compartimos tarea doméstica y tarea educadora. ¿Qué hemos hecho? Trabajar todos ocho horas, hombres y mujeres. ¿Y dónde quedan los niños? En manos de la escuela.
Paloma. Sobre la escuela ha caído todo: enseñanza, darles educación sexual, educación vial, educación del tiempo libre, educación en valores, educación para la paz… Las tutorías se nos llenan de actividades que antes se hacían en las familias.
He recibido padres en tutorías que vienen a decirte: “¡Mi hijo es un mal educado, haga usted algo, por favor, que yo no estoy en casa, haga usted algo!”.
Nieves. Yo quería añadir que la educación es cosa de dos, y la experiencia que tengo es que la mayoría de las visitas que recibimos son de madres. Si hay una reunión de padres, van las madres; si alguien tiene que dejar el trabajo, es la madre la que pide permiso, y no el padre. La presencia de los padres en la escuela es muy minoritaria. Se les echa de menos.
Maribel. Antes, el conjunto de la sociedad pensaba que tenía un papel educador con los pequeños. Cualquier persona que veía a un niño haciendo algo que consideraba que no estaba bien, se sentía en la obligación de llamarle la atención. Ahora eso se ha particularizado mucho, la sociedad ha dejado su papel educador en manos de la familia, y la familia lo ha dejado en manos de la escuela. Al final, yo creo que cada uno estamos haciendo la “guerra” por nuestra cuenta.
Nieves. En este momento, los que más educan o deseducan son los medios de comunicación, ordenadores incluidos.
El papel de la educación se está delegando en la madre, al estilo
de las sociedades primitivas
Pedro. El papel de la educación se está delegando en la madre, al estilo de las sociedades primitivas. Y a mí me parece que la figura del padre es fundamental, y que su intervención no debería limitarse a los casos en que hay que castigar al niño, sino ser algo más. Y la actitud de la madre es a veces superproteccionista: que al niño no le falte de nada. Nuestro hijo ha de tener de todo, pero no somos capaces de llevarle al parque para que juegue. Trabajo con niños de nueve y diez años. A esa edad, los chavales deberían estar jugando mucho tiempo pero no juegan; están angustiados, la escuela les cansa, y encima, cuando salen del colegio, les agobian con un montón de cosas, porque la sociedad competitiva donde estamos lo pide así. Durante las horas que están en casa, a trancas y a barrancas les hacen leer; su interés está centrado en la videoconsola, en el televisor o en el ordenador, que manejan perfectamente sin que nadie les haya enseñado. Sin embargo, los parques están vacíos constantemente: no hay niños jugando en ellos.
Ramón. Como ha dicho Maribel, hace años se pensaba que el ambiente, de por sí, era educativo. Y en ese ambiente intervenían de manera activa madres, vecinas… El padre estaba en segundo plano, para poner orden cuando la madre no podía llegar. Entonces, la madre decía: “Se lo diré a tu padre, él sabrá qué tiene que hacer”. Hemos saltado de eso a una sociedad en la cual ese ambiente educativo no existe, porque, tal vez, hemos confiado más en la libertad y no en una sociedad que, al mismo tiempo que la libertad, tenga una serie de puntos de referencia que han de resultar claves. Y, en esta dejación, yo creo que estamos sumidos un poco todos, de manera muy diversa.
Probablemente en las primeras etapas educativas, existe cierta preocupación de los padres –y, sobre todo, de las madres– por conectar con la institución escolar pero, a medida que los críos van creciendo, los padres no tienen la sensación de que tengan que intervenir en algo, salvo cuando la situación se torna conflictiva.
Pero yo creo que a esto está colaborando la actitud de muchos profesores, que también se extrañan cuando algunos padres entablan contacto directamente con ellos aunque no haya ningún problema de tipo académico, simplemente por compartir. Los padres –yo soy también padre, además de profesor– tenemos derecho a conectar y a intervenir en los centros, aunque no tengamos nada que reivindicar a favor de nuestros hijos, ni una nota ni un comportamiento del cual defenderle.
La figura del padre es fundamental
Pepe. Existen ahora modelos muy diferentes de familias, a los cuales no sabemos dar respuestas. Cada vez son más frecuentes las familias monoparentales, familias separadas, madres solteras y familias emigrantes. Tenemos familias con muchos hijos y con un hijo único. Estas situaciones requieren respuestas distintas. Yo reivindicaría incluir en la escuela otros profesionales que colaborasen con la labor del docente de aula. Igual que va habiendo en el ámbito docente especialistas en las distintas materias, debería haber profesionales expertos en lo social, en educación sexual, en psicología, en técnicas didácticas de educación, en educación de adultos, en estrategias de acercamiento a padres, mediadores… Es verdad que a la escuela se le pide todo, y es verdad también que la escuela no puede hoy dar respuestas a todo. Pero la escuela debería adecuarse a darlas introduciendo nuevos profesionales en ella.
Cuando el padre entiende que el profesor y él tienen que ir al unísono,
las cosas empiezan a funcionar
Ramón. Una conclusión puede ser que la educación es una tarea por lo menos de dos partes. Padres y profesores tienen un papel insustituible. Durante cierta época, parecía que los consejos escolares y las APA tenían un matiz reivindicativo. Creo que ahora su papel ha de ser fundamentalmente de colaboración. Los padres han de estar en contacto con el colegio y no hacer dos mundos aparte, sino estar abiertos al contacto permanente y a dialogar con los profesores.
Carmen. Los padres no han de estar a la defensiva, sino hacer un frente común con el profesor desde el principio. Cuando el padre entiende que el profesor y él tienen que ir al unísono, las cosas empiezan a funcionar. Yo no digo que empiecen a funcionar definitivamente bien, pero se nota un cambio cualitativo importantísimo.
   Los profesores
Los profesores reunidos trabajan en escuelas públicas y privadas concertadas situadas en áreas geográficas de distintas características, y pertenecen a todos los niveles educativos desde Infantil a Bachillerato. Son los siguientes:
Paloma Gavilán, directora del IES Luis de Lucena de Guadalajara.
Ramón Alario, profesor del IES Luis de Lucena de Guadalajara.
Manuel Almagro, jefe de estudios del IES de Villanueva del Pardillo (Madrid).
Belén Casado, profesora del IES Burgo de Las Rozas (Las Rozas, Madrid).
Pedro Crespo, profesor de Primaria en el colegio John Lennon de Fuenlabrada (Madrid).
José Aurelio Fuentes (Pepe), del Equipo de Atención Temprana de Móstoles (Madrid).
Carmen Benavides, profesora de Secundaria y Bachillerato en el colegio Nuestra Señora de las Escuelas Pías, de Carabanchel (Madrid).
Maribel Prieto y Nieves Peña, profesoras de Primaria del colegio Nuestra Señora de las Escuelas Pías, de Carabanchel (Madrid).