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Marcar los
límites |
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| El adolescente se debate entre su rebeldía y la autoridad que sigue necesitando. Precisa de límites, aunque le cueste asumirlos. Por eso los padres deben mostrarse firmes y seguros frente a sus hijos en esta difícil edad. En los casos más conflictivos será necesaria la ayuda de profesionales. |
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María Jesús
Álava Reyes y Silvia Álava Sordo
Psicólogas de Quidam Desarrollo
Humano
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| Con el inicio de la pubertad, biológicamente se produce un estallido de reacciones endocrinas que favorecen la aparición de los caracteres sexuales secundarios (menstruación y desarrollo mamario en las chicas y producción de esperma y aumento de la pilosidad en los chicos) y, además, provocan un cambio en todas las relaciones del niño consigo mismo y con su entorno. Las hormonas van a adquirir un gran protagonismo, de tal forma que en muchas ocasiones serán las que tomen las riendas del comportamiento del adolescente, en el que, también, se observan las siguientes características: |
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• En su desarrollo intelectual, destaca la potenciación del sentido crítico, lo que en muchos casos traerá a los padres de cabeza. Surge una falta de reconocimiento de la autoridad, que les hace cuestionarse todas las normas establecidas por los adultos. Debemos entender que les falta la experiencia vital, lo que los lleva a defender posturas muy rígidas y extremas y hace que desarrollen un sentido idílico de la justicia. |
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• Su mundo se amplía. La familia pierde protagonismo a favor del grupo de los amigos. Necesitan marcar una diferencia con la etapa anterior en la que se los protegía y cuidaba; ahora “ya son mayores” y todo lo que antes admiraban de sus padres pasa a ser juzgado y criticado. No obstante, no debemos confundirnos: precisan de nuestro cariño y comprensión, pues a pesar de su aparente rechazo todavía nos necesitan. |
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• Su identidad está en crisis, en muchas ocasiones las decisiones y preferencias personales las sacrifican en función de lo que el grupo tolere; si todo el grupo fuma o lleva el pelo rojo, también ellos tienden a hacerlo, para no quedar apartados del mismo. |
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| Reglas de oro a seguir |
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| • A los adolescentes les cuesta asumir los límites que tanto necesitan y que los ayudan a situarse y a conocer cuáles son sus derechos y sus obligaciones; en el fondo, ellos saben que los límites les dan seguridad y confianza, pero se debatirán entre su rebeldía y la autoridad que siguen necesitando y que es tan crucial en esta edad que, si no la encuentran en sus padres, la buscarán fuera de su familia y se identificarán con algún líder, seguramente poco positivo, que se convertirá en su guía. |
| • En este punto, los padres y los adultos, en general, deberán enfrentarse a situaciones poco agradables, en las que su seguridad será clave para ayudar al adolescente a superar estas crisis. Nada peor en estos momentos que las vacilaciones, que las tentaciones de ceder y ceder para no vivir momentos difíciles, y consentir en todo, con la excusa de que el chico/a se sentirá fatal si le niegan lo que pide. Será necesario distinguir entre necesidades y caprichos. El adolescente se mostrará insaciable, querrá comprar y comprar cosas, pedirá más y más dinero y, salvo que cortemos desde el principio, nos habremos metido en una dinámica donde tendremos todas las papeletas para perder. |
| • No olvidemos que los niños aprenden por modelos, los padres somos sus modelos a imitar, por eso hay que mostrarse seguros, con confianza sobre lo que estamos haciendo o diciendo; de esta forma les transmitiremos seguridad y credibilidad. |
| • Potenciar sus habilidades y mitigar sus defectos. No centrarse solo en los éxitos y fracasos escolares, pues éstos serán una parte de sus vidas, pero no lo único importante. |
| • Los padres seguirán la misma línea, no contradiciéndose uno al otro y mucho menos delante del adolescente. Ello solo empeorará las cosas. |
| • En casos de rabieta o estallido, no es el momento de dialogar con ellos: el lenguaje verbal no sirve de nada. En esas situaciones nos limitaremos a mostrarnos firmes y seguros con los gestos. |
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| Ayuda en situaciones extremas |
| Cuando la situación es extrema, sí que ayuda saber que estamos actuando de forma correcta, que no podemos pedirnos más, que debemos ser conscientes de que los siguientes años aún serán difíciles, pero que siempre tendremos la tranquilidad de sentir que lo hicimos lo mejor posible y, poco a poco, sentiremos la “paz” de saber que, después de estos años, la relación mejorará. El adolescente de hoy dará paso al joven de mañana, y éste será menos impetuoso, menos hiriente, menos provocador, más humano, más justo y más cercano. |
| Y es que los adolescentes verdaderamente no lo tienen fácil. En muchos casos encontramos chicos y chicas que nos dicen que no saben como evitar “saltar y estallar a la mínima”, que les encantaría controlarse pero que no pueden. No lo hacen para fastidiarnos, sino porque no pueden evitarlo. ¿Quién de adulto no ha sentido alguna vez esa falta de autocontrol que nos ha llevado a hacer o decir cosas de las que luego nos hemos arrepentido? Ahora situémonos con veinte años menos de experiencia y un cuerpo en continuo cambio en el que las hormonas tienen literalmente tomado el poder, ¿no se hace realmente difícil? En realidad lo es. Por eso en la mayoría de los casos hay que realizar un entrenamiento en autocontrol. Desgraciadamente, este entrenamiento solo lo realizan aquellos chicos cuyos padres han acudido a pedir ayuda a un profesional. |
| Errores más frecuentes |
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• Podemos negociar las normas a seguir, pero nunca debemos dejar que sean ellos los que marquen los límites. Hay que mantenerse firmes y seguros con respecto a las mismas. No podemos desesperarnos y transmitir nuestra inseguridad. |
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• No hay que ceder para evitar males mayores pensando que esto pasará con el tiempo, porque así lo único que conseguimos es que el adolescente cada vez tenga menos autocontrol. Hay que decir que no, y cuando hagan lo prohibido, ellos deben saber las consecuencias. |
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• Los
chicos pueden sentir miedo por tenerlo todo demasiado
fácil. |
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• Debemos dejarles que desarrollen sus propias estrategias, que resuelvan sus problemas y conflictos. Pero siempre debemos estar ahí, en un segundo plano, para valorar su forma de relacionarse con el mundo, y encauzarlos en todo momento para que sean tolerantes, para que sepan escuchar, compartir, aprender, observar y desarrollar el sentido común. En la consulta, muchos adolescentes nos han confesado que “es un fastidio que los padres intenten resolverte todos los problemas porque no nos dejan desarrollarnos”. |
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| Firmeza y seguridad de los padres |
| El caso de Conchita |
| En su libro El No también
ayuda a crecer (La Esfera de los Libros, 2002), María
Jesús Álava relata el caso de esta adolescente,
cuyos padres acudieron a la consulta de la psicóloga
en busca de una solución para los problemas de convivencia
y de deterioro de las relaciones familiares creados por la actitud
de la niña. |
| “Conchita es una niña de 15 años, hija única; sus padres son un poco mayores y no coinciden en cómo educarla. Parece que la madre es más “blanda” y el padre más exigente. Nos comentan que Conchita ha sido muy nerviosa, dormía mal de pequeña, cambió tres veces de colegio (pues ninguno le gustaba) y siempre ha tenido un carácter fuerte y difícil, “pero a partir de los 13 años es imposible la convivencia con ella”. |
| En los colegios no ha presentado especiales problemas, salvo este año, que ha cambiado de grupo de amigas y parece que “quiere hacerse muy mayor”. Puestos en contacto con el centro escolar, nos confirmaron que por primera vez suspendería algunas asignaturas y que su actitud era de “provocación” con la clase. |
| Hace tres meses fueron a otro psicólogo y, según sus padres, la niña “le tomó el pelo”. Ellos creen que Conchita tiene doble personalidad: “Le decía al psicólogo que sus padres eran encantadores, y cuando llegaba a casa nos machacaba”. |
| Según su padre, la niña funciona en casa cuando ve un ambiente más duro; incluso si en esos momentos su madre intenta relajar el ambiente, la niña se pone “como una furia” con ella. |
| Con el resto de la familia tiene una actitud “muy contestona”, los trata “a baquetazo limpio”. |
| Los padres no la aprietan en los estudios; la niña había sido responsable hasta este curso, en que apenas estudia. Están pensando en cambiarla de colegio, pues creen que sus actuales amistades son las que han provocado la situación actual. |
| Por otra parte, está muy “emperrada” con las discotecas y muy obsesionada con sus amistades. |
| Cuando su madre intenta hablarle del tema sexual, la niña la corta drásticamente, diciéndole que está muy anticuada. |
| Desde hace seis meses las relaciones entre los padres se han deteriorado aún más, a consecuencia de una salida de Conchita, que no durmió en casa. |
| Los registros nos mostraron a una adolescente absolutamente descentrada, que estaba pidiendo “a gritos” una intervención. Intentamos poner a los padres de acuerdo en unas pautas mínimas de actuación con su hija y les pedimos que trajeran a la niña en la próxima visita. |
| Conchita nos dijo que su madre la trataba como a una niña pequeña: “Que no andes descalza, que cenes, que te abrigues…” |
| Cree que ella “es así” porque es hija única. Es consciente de la diferencia de criterios entre sus padres, pero nos dice, con auténtico sentimiento, que no quiere que se separen: “Uno sin el otro no son nada”. |
| A mi pregunta de por qué creía que la convivencia era tan imposible, con gran elocuencia, me contestó: “Creo que lo que pasa es que yo estoy pasando el pavo, mi padre la andropausia y mi madre la menopausia”. |
| Posteriormente, y tras unos minutos de intensa observación de mi persona, me dice que últimamente lo está intentando, pero cuando está en una discusión, se pone nerviosa y lo arregla con un grito. |
| Aprovechando que soy consciente de que “me está pidiendo ayuda”, le propongo que podemos seguir un programa “como adultos”. Se siente muy halagada por ello y asiente con la cabeza. En estos casos, cuando veo a los padres tan impotentes y a los adolescentes con una agresividad tan descontrolada, intento trabajar directamente con ellos, entrenándolos con técnicas de autocontrol o ayudándolos en sus estudios, para favorecer el progreso en esos difíciles comienzos. El programa a seguir contemplaba: |
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1 Registros por ambas partes (padres y Conchita), para que no hubiera discusiones sobre la interpretación de los hechos. |
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2 Realizar con Conchita un entrenamiento en autocontrol, para que no saltase a la mínima. |
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3 Ayudarla también con un programa de método y técnicas de estudio. |
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4 Hacer un “pacto” con sus padres, donde cada uno se comprometía a respetar unas normas mínimas de convivencia. |
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| No fue fácil mejorar el ambiente familiar y que Conchita mostrase una conducta más sociable con sus padres. La verdad es que se esforzó bastante y, además, consiguió encauzar el curso; aunque en los tres meses siguientes hubo aún situaciones muy conflictivas. |
| En una de las sesiones, Conchita nos confesó que sentía miedo por haber tenido todo demasiado fácil: “No sé cómo me enfrentaré en mi vida, cuando realmente tenga un problema”, “es un fastidio que tus padres siempre traten de solucionarte todo, no me han dejado desarrollarme”. |
| Una de las situaciones más conflictivas surgió cuando Conchita exigió quedarse a dormir en casa de algunas amigas; al final pudo llegar a un acuerdo con sus padres: se podría quedar cuando llevase los 15 días previos sin “estallar” ni una sola vez en casa, y cuando sus padres hubiesen hablado con los padres de las amigas y se hubieran asegurado que serían estancias controladas por adultos. |
| Al cabo de unos años, justo cuando acababa de terminar su carrera universitaria, Conchita me llamó porque quería que le prestase orientación en los primeros pasos a seguir en su carrera profesional. |
| Sus padres se habían separado hacía tres años, pero ahora pensaba que era lo mejor que pudieron hacer: “Ellos están mejor, yo me llevo bien con mi padre y tengo una relación excelente con mi madre; la siento siempre a mi lado, creo que aprendió por fin a saber exigirme y a perderme el miedo; ahora es fantástico”. |
| Conchita es una joven madura para su edad, que tiene muy claro lo que quiere y que, sin duda, ha aprendido a convivir. |
| Atrás quedaron momentos difíciles, con conductas extremas que, sin duda, nos estaban indicando a los adultos la necesidad de intervenir, de encauzar la situación. |
| Conchita nos lo resumió muy bien al cabo de los años: “Yo sabía que me querían mucho, pero necesitaba verlos seguros, que me perdiesen el miedo y me exigiesen”. |
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