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  Cuando el diálogo es imposible
 
La forma que tienen los hijos de comunicarse con sus padres cambia cuando llegan a la adolescencia. El silencio, la rebeldía y las discusiones suelen ser un indicio de que los chavales reclaman que dejemos de tratarlos como a niños necesitados de protección.
Julia Silva García. Psicóloga
 

Mi hijo antes era un niño encantador: siempre sonriendo, obediente y comunicativo.
Pero, desde que ha empezado a ir al instituto, no sé qué le puede estar pasando que parece otro.
Llega de clase y no cuenta nada.
Se mete en su habitación y, si se me ocurre entrar sin llamar a la puerta, ya tenemos la discusión organizada porque él dice que siempre me estoy metiendo donde nadie me llama.
Yo le digo que es en mi casa y puedo entrar en su habitación siempre que quiera.

"Él se enfada, coge la puerta, se va con sus amigos y no vuelve hasta las tantas. Su padre y yo le decimos que esto no es una pensión y que tiene que respetar las normas familiares pero, ¡no hay manera! Se cierra en banda y no nos escucha. Lo único que dice es que no le entendemos y que le dejemos tranquilo. Cuando intento que me cuente cómo le van las cosas en el instituto, con sus amigos o si hay alguna chica que le guste, dice que soy una cotilla y que siempre me quiero enterar de todo y, una vez más, terminamos discutiendo. Su padre y yo estamos muy preocupados porque es imposible hablar con él y, además de no hacernos ningún caso, notamos que en casa está de mal humor. Ya nunca sonríe y a veces pienso que cualquier día coge la puerta y se va. Sin embargo, cuando le escucho hablar con sus amigos, no deja de hacer bromas y reír. Me gustaría que todo fuera como antes. Que nos contara sus cosas. Que no fuera tan rebelde. Que no discutiéramos todo el tiempo pero, ¡no sé cómo hacerlo! ¿Qué podemos hacer para hablar con él, que nos escuche, que nos cuente cosas y volvamos a ser una familia feliz?"
 
La familia
Es un sistema formado por varias personas que tienen una relación duradera y que, a su vez, reciben influencias del entorno. Cada persona es un mundo y cada familia es un universo de relaciones entre mundos, por lo que es fácil que surjan conflictos.
¿Qué hace el universo familiar para evitar que se generen problemas que puedan perjudicar su unidad? Va creando sus propios mecanismos de protección y de defensa de la estabilidad, como las normas, las creencias o las tradiciones. Sin embargo, hay momentos en la vida familiar en los que se dan cambios muy profundos, en uno o varios miembros, y surge la necesidad de renovar las normas, las creencias o las tradiciones para que se recupere el equilibrio.
¿Qué le está ocurriendo a su hijo y cómo está afectando a toda la familia?
Su hijo está en la ADOLESCENCIA. En esta etapa de la vida, se producen múltiples y profundos cambios en la persona, biológicos, psicológicos y del entorno social. Su hijo ha cambiado. Ya no es el niño que era, está en un proceso de maduración y de separación del entorno familiar, de ahí que su grupo de amigos sea tan importante para él en este momento. Todos los cambios que está sufriendo dan lugar a que la forma de relacionarse con sus padres también varíe. Sin embargo, en la familia se siguen manteniendo las mismas pautas de actuación hacia él, las mismas normas, los mismos hábitos, cosa totalmente lógica porque, hasta este momento, habían funcionado perfectamente y nunca antes les había surgido ningún problema.
Él se rebela ante esto discutiendo, aislándose o refugiándose en su grupo de amigos, que le entienden perfectamente porque ellos están pasando por situaciones semejantes en sus casas. Ustedes se preocupan por él, intentan hablarle, pero lo hacen utilizando las mismas pautas que han usado siempre y él se siente controlado, “salta” con mayor facilidad, se va de casa por más tiempo, habla menos con ustedes y muestra más rebeldía. Su preocupación aumenta y se repite la situación, con la diferencia de que cada vez las discusiones son más duras y la falta de comunicación es mayor. Están metidos en un círculo vicioso del que no son capaces de salir. Hasta que llega la CRISIS FAMILIAR, que les ha permitido darse cuenta de que tienen un problema, puesto que es la señal de alarma que utiliza el sistema familiar para advertir de la necesidad de CAMBIOS.
¿Cómo pueden solucionar esta situación de crisis?
Como usted nos dice en su carta, lo que desea es volver a ser una familia feliz, es decir, superar esta crisis que están pasando y recuperar el equilibrio familiar. Para ello, antes de pasar a la acción, será necesario que reflexionen sobre:
 
  ¿Qué puede estar comunicando el comportamiento de su hijo?
  Con la adolescencia, ha entrado en una etapa de alejamiento familiar, es decir, de individualización. Necesita desarrollarse individualmente, aprender a pensar y funcionar por sí mismo sobre las bases de sus propios valores y creencias. Este proceso de convertirse en una persona independiente no implica que desee separarse de su familia ni romper con las relaciones familiares, sino que hay una necesidad de cambio en la forma de relacionarse con los padres. Necesita la seguridad familiar pero desea tener mayor autonomía. Ya no es el niño que cuenta todo a sus padres, que hace lo que ellos le digan o que va con ellos a todas partes, sino que comienza a ser una persona independiente que reclama su espacio de intimidad y quiere ampliar su círculo de relaciones. Para lograr esto, necesita que determinadas normas, límites, pautas de actuación y
creencias familiares cambien, se renueven. Su hijo está pidiendo un cambio en las relaciones familiares pero, como no sabe cómo hacerlo, las cosas no cambian, se siente frustrado y expresa ese sentimiento actuando de manera agresiva o dejándoles de hablar.
  ¿Qué está comunicando el comportamiento de los padres?
  Piense en las razones que los llevan a comportarse con su hijo del mismo modo que cuando era un niño:
 
  - Puede que sea porque le sigan viendo como a un niño que necesita su protección. En este caso, habrán de aceptar que su hijo está creciendo y que es necesario que vaya aprendiendo poco a poco a ser autónomo.
  - Puede que tengan miedo a la futura separación de su hijo. Si su relación siempre ha sido muy fusionada, han estado muy unidos, es posible que estén viviendo la adolescencia de su hijo como una pérdida. Sin embargo, es una falsa idea puesto que su hijo los necesita enormemente en este momento, aunque de diferente forma: ya no requiere de la protección y los constantes cuidados de sus padres pero necesita una base sólida en la familia, que se le pongan determinados límites y se le ayude a superar sus momentos de inseguridad.
  - Puede que lo que les suceda sea que sienten inseguridad ante los “peligros” con los que se puede encontrar en la vida y estén ejerciendo un control mediante la utilización de normas rígidas. De este modo, muchas veces se logra todo lo contrario de lo que deseábamos: que el adolescente, como muestra de rebelión, adopte esas conductas que tratábamos de evitar.
  - También es posible que se sigan comportando con su hijo de la misma forma que cuando era un niño porque no saben cómo hacerlo de otro modo.
ROMPER EL CÍRCULO
Reflexionar sobre estos puntos los ayudará a ver la situación desde una perspectiva diferente. Entenderán que las cosas no pueden ser como antes, puesto que su hijo ya no es un niño. Si desean que vuelva a contarles cosas, esté a gusto en casa o que no se aísle, ustedes podrán hacer que las cosas cambien. Podrán romper el círculo en el que están metidos cambiando su forma de comportarse con él. No pierdan más energía pensando que su hijo tiene que cambiar y sean ustedes los que cambien la dinámica familiar. ¿Cómo?
  1 Para empezar, han de tener en cuenta que el cambio ha de producirse poco a poco.
  No intenten que, tras la situación de tensión en la que han vivido últimamente, todo vuelva a estar bien de un día para otro.
  2 No se dejen llevar por la ansiedad que les produce esta situación.
  Si su hijo se va de casa, tras una discusión y vuelve tarde, les está haciendo “chantaje emocional”. Está tratando de situarse en una posición de mayor poder que ustedes. Si, cuando vuelve a casa, nota que están muy preocupados, sentirá que ha ganado, que maneja a la familia con sus conductas. Es importante que tengan claro que esta crisis es transitoria y que, aunque no lo parezca, su hijo necesita que se le pongan límites, normas y que en la familia haya una jerarquía clara, es decir, que ustedes sean los que marquen las pautas que crean más convenientes para el equilibrio familiar.
  3 Cambien la forma de comunicarse con él.
  Ya saben que, si le preguntan insistentemente, se cierra más “en banda”. Prueben a dejar que sea él quien les cuente sus cosas. Muéstrenle que están dispuestos a escucharle cuando lo necesite pero dejen de hacerle preguntas constantemente. En cuanto deje de sentirse perseguido o controlado, se abrirá más a ustedes.
  4 Denle confianza.
  Él necesita percibir que confían en él, y se lo pueden demostrar flexibilizando progresivamente las normas que tienen en casa en función de la responsabilidad y el cambio de actitud que vayan percibiendo en él. Por ejemplo, dejándole salir hasta más tarde cuando vean que su conducta mejora.
  5 Respeten sus espacios de intimidad.
  Como cualquier adulto, necesita contar con un lugar en que pueda estar solo. Aunque en su casa todos los espacios hayan sido comunes, ahora él necesita tener intimidad en su habitación. Si usted entra sin llamar, se sentirá agredido. Trate de llamar a la puerta cuando esté dentro y explíquele que él también deberá respetar los espacios de intimidad de los demás miembros de la familia.
  6 No le hieran con palabras negativas.
  Es posible que, sin darse cuenta, le hayan dicho frases como, “¡vaya pavo tienes!, eres un rebelde sin causa”. Estos mensajes hacen que se sienta incomprendido y que se refugie más aún en sus amigos. Si comienzan a enviarle mensajes positivos, “¡qué mayor te estás haciendo!, me siento orgulloso de ti”, se sentirá satisfecho de él mismo. Sentirá apoyo en sus padres y esto se reflejará en un cambio de actitud en casa.
  7 Sean tolerantes con las nuevas formas de ver la vida, las nuevas creencias, los nuevos valores, las nuevas amistades que su hijo vaya teniendo.
  Él es una persona independiente y que no opine como ustedes no significa que los quiera menos ni que esté perdido. Vayan escuchando sus reclamos y adapten o modifiquen aquellas normas, valores o creencias que había en su familia y que ya no funcionan. Pero, cuidado, esto no implica que, si no hacemos todo lo que el hijo reclama, vaya a ser infeliz. Recuerden que la familia necesita cambiar aquello que deja de funcionar pero que su hijo también necesita aprender a respetar determinadas normas y límites.
  8 Ustedes desean acercarse a su hijo.
  Háganlo compartiendo parte de su tiempo de ocio.
  9 Si estos nuevos comportamientos no solucionan el problema, lo más recomendable sería que acudieran a una terapia familiar.
  En la que se analice su situación familiar y se les den otras alternativas para la resolución del conflicto más adaptadas a ustedes y su hijo. Pero nunca se den por vencidos. Por muy difícil que se ponga la situación, siempre hay soluciones para ello.
  Si se mantienen en esta postura y no desisten ante las situaciones conflictivas, progresivamente estos cambios irán teniendo su efecto. Su hijo estará más comunicativo y alegre. Ustedes estarán menos preocupados y más satisfechos de él. Se irá alcanzando la armonía en el hogar. La crisis familiar estará superada, habrán cambiado las pautas de relación familiar y entrarán en una etapa de cooperación mutua.