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  Los estímulos solo son adecuados
si llegan a través del afecto
 
Las psicólogas M.ª Teresa Mollá Bernabeu y Susana Navarro Palanca son pioneras en España en la especialidad de estimulación temprana, campo en el que trabajan desde 1974. En la actualidad son las coordinadoras del Centro Selwyn de Alicante y acaban de publicar, junto a su equipo de profesionales, una obra titulada Programa de estimulación para niños de cuatro a seis años, compuesta por diez volúmenes, de los que han salido ya a la luz los cinco primeros, dirigidos a niños de 4 a 5 años.
Se trata de unos libros que pueden considerarse continuación de los publicados en 1997 por la editorial CEPE que, bajo el título Programa para la estimulación del desarrollo infantil, se centraban en los cuatro primeros años de la vida del niño.
Susana Navarro nos informa.
P. ¿Qué es la estimulación temprana?
R. Si nos remitimos al Libro Blanco de la atención temprana, editado bajo los auspicios del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, podríamos decir que “es el conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0 a 6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos”.
Por tanto, queda claro que su principal objetivo es que los niños que presentan trastornos en su desarrollo o tienen riesgo de padecerlos reciban una atención terapéutica adecuada.
P. ¿Entonces vuestros libros solo van dirigidos a niños que tengan retraso en el desarrollo?
R. No. Ya explicamos en ellos que nuestra idea de la estimulación temprana es un poco más amplia. Creemos que, además de las vertientes asistencial y preventiva, existiría una tercera vía a la que podríamos denominar “educativa” y que iría dirigida a todos los niños en sus primeros años de vida para ayudarlos a desarrollar todas sus potencialidades.
Si nos remontamos a la década de los 60 e incluso a la de los 70, veríamos que muy pocos niños iniciaban su escolaridad antes de los 5 ó 6 años de edad, pero, poco a poco y gracias a las investigaciones, el preescolar ha llegado a todos los niños españoles, ya que se ha podido constatar que estos primeros años son fundamentales para su futuro. Pues bien, ya es hora de que demos un paso más y ayudemos a las familias a enriquecer el desarrollo de sus hijos desde el mismo momento en que nacen.
P. ¿Son tan importantes los primeros meses, años de vida?
R. En una primera aproximación esta pregunta es muy fácil de responder. Simplemente reparando en cómo nacen los animales y cómo nacen los seres humanos, vemos que los primeros prácticamente nacen casi autónomos, mientras que nosotros lo hacemos totalmente desvalidos. Tanto es así que, en un principio, necesitamos la ayuda de nuestros padres para casi todo. Esta situación viene condicionada por la inmadurez que presenta nuestro cerebro al nacer y que va a necesitar para desarrollarse de mucho tiempo y experiencias adecuadas.
P. ¿A qué te refieres cuando dices experiencias adecuadas? Si un niño tiene un entorno inadecuado, ¿puede tener problemas?
R. Evidentemente. Existen retrasos en el desarrollo muy importantes simplemente por situaciones de deprivación social. Fíjate si esto es así que muchos países han llevado a la práctica programas de estimulación en zonas de extrema pobreza para compensar, de alguna manera, los déficit que se sabe que van a presentar muchos de los niños sometidos a estas condiciones adversas.
P. Entonces, ¿también sería posible hacer superdotados a niños estimulándolos desde que son bebés?
 
Principales hitos del desarrollo   
• En el primer año de vida:
  -Controlar la cabeza.
  -Sonreír a las personas conocidas.
  -Mantenerse sentado sin apoyo.
  -Localizar sonidos en cualquier dirección.
  -Imitar gestos en juegos y canciones sencillas.
  -Coger los objetos pequeños con los dedos índice y pulgar.
  -Masticar alimentos sólidos.
  -Sacar y meter objetos de recipientes.
  -Localizar por su nombre a personas y objetos familiares.
  -Dar objetos cuando se le piden.
  -Decir algunas palabras con significado.
  -Dar sus primeros pasos sin ayuda.
• El segundo año de vida:
  -Trepar a los muebles.
  -Andar cada vez más deprisa y sobre diferentes superficies sin caerse.
  -Subir y bajar escaleras apoyándose en la barandilla o pared.
  -Señalar desde lejos con el dedo índice.
  -Pasar las páginas de un cuento identificando imágenes de personas u objetos familiares.
  -Abrir y cerrar cajas a presión.
  -Garabatear e incluso imitar trazos verticales y horizontales.
  -Beber en un vaso sin ayuda.
  -Utilizar la cuchara.
  -Quitarse las prendas de vestir sencillas.
  -Empezar a emitir palabras referidas a acciones y unir dos o tres palabras.
  -Jugar simbólicamente con objetos.
  -Ayudar a guardar sus juguetes.
• El tercer año de vida:
  -Subir y bajar solo la escalera.
  -Desplazarse pedaleando en un triciclo.
  -Abrir y cerrar recipientes con rosca.
  -Hacer collares con piezas muy pequeñas.
  -Imitar y copiar trazos sencillos como el círculo.
  -Ponerse algunas prendas de vestir sencillas, pero sin diferenciar la parte de delante y la de detrás.
  -Utilizar correctamente la cuchara y pinchar con el tenedor.
  -Empezar a identificar algunos colores.
  -Construir frases de varias palabras, utilizando pronombres.
  -Identificar en los otros algunas emociones.
  -Prestar atención a cuentos cortos (10 minutos).
  -Obedecer, a la primera indicación, alrededor del 50% de las veces.
  -Entretenerse solo durante, aproximadamente, 30 minutos.
 
R. Esto me gustaría que quedase claro: los seres humanos nacemos ya con nuestra dotación genética, que nos aporta unas posibilidades que pueden desarrollarse o no, según sea nuestro ambiente. Lo que sí podemos nosotros conseguir, al aportar al niño un entorno adecuado y enriquecedor, es que sus potenciales se desarrollen al máximo. Pero esto no quiere decir que podamos ir creando niños superdotados como a veces se ha llegado a decir al comercializar ciertos materiales.
P. ¿A qué puede conducir un exceso de estímulos?
R. Me alegra mucho tu pregunta, ya que cuando se empezó a hablar a nivel popular de la estimulación temprana se creó mucha confusión. Hemos llegado a oír por boca de profesionales mal informados: “Háblale mucho al niño, juega mucho con él, no te separes de él y verás como se cura”.
Quizás la palabra “estimulación” es la que ha llevado a este tipo de actuación, pero yo quisiera aprovechar esta oportunidad que nos dais para dejar muy claro que cuando hablamos de “estímulos” lo que queremos decir es que hay que proporcionar al niño los adecuados, que es muy importante la “calidad” y que para nada se trata de “cantidad”, porque, cuando actuamos incorrectamente, podemos provocar problemas.
P. ¿Qué influencia tiene el afecto en la estimulación del niño?
R. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que es la base fundamental sobre la que se va a asentar todo lo demás.
Los niños, en los primeros años, van formándose una opinión sobre ellos mismos por medio de las percepciones que les llegan y de lo que se les demuestra a nivel afectivo. Cuando se sienten queridos, cuando se sienten parte de alguien, cuando se sienten importantes para alguien, tienen una base sólida en la que fundamentarse para su desarrollo. Por tanto, podríamos concluir diciendo que estos estímulos de los que hablamos solo serán adecuados si les llegan a través del afecto.
P. ¿Qué síntomas pueden alertar a los padres de que puede haber un problema?
R. Aunque, en un primer momento, es difícil darse cuenta de que algo va mal, la mayoría de los padres lo perciben, de alguna manera, ya que comparan al bebé con sus hermanos o con los hijos de sus amigos y, si ven diferencias, se preocupan y suelen preguntar a los profesionales. Estas intuiciones pueden fundamentarse un poco más consultando revistas o libros adecuados sobre el desarrollo infantil que les enseñen a comprender mejor a sus hijos.
P. Cuando unos padres observan que algo va mal, ¿qué deben hacer?
R. En un primer momento, deben acudir a algún profesional experto en desarrollo infantil, como puede ser un neurólogo o un psicólogo, pero asegurándose de que éstos se dedican a niños y no a adultos, porque son dos especialidades diferentes.
P. Te has referido antes a que vuestros libros pueden ser utilizados por los padres para comprender mejor a sus hijos y para ayudarlos en los primeros años de su vida, ¿lo podéis concretar un poco más?
R. Si observas cualquiera de los libros, verás que hay una parte que se llama Inventario del desarrollo en la que están enumeradas todas las conductas que el niño tiene que cumplir en cada una de las edades. Si los padres van rellenando este inventario, en una de las columnas pondrán la edad en la que observan una determinada conducta en su hijo y si la cumple o no; en el caso de que no lo haga, es muy sencillo: hay que buscar la ficha que corresponda y en ella podrán leer las sugerencias que se les dan para que se la enseñen, e incluso, a partir de los cuatro años, también encontrarán fichas prácticas para que las realice el mismo niño.