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Mamá,
papá |
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| Tarde o temprano... hablará |
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Un niño que empieza a hablar muy pronto resulta simpático, aunque ello no signifique que en el futuro vaya a ser un excelente orador. En cambio, uno que alrededor de los 18 meses no entiende el sentido de nuestras frases sí debe llamar nuestra atención. Puede tener problemas de audición o de comprensión. Hablar es poder comunicar, pero para que haya diálogo es necesario emitir palabras y escuchar las de los otros. La escucha es lo que mejor sabe hacer un bebé... en los primeros momentos.
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| En las semanas previas al nacimiento, la voz de la madre atraviesa la pared de su vientre para acariciar a su bebé. Las experiencias realizadas con recién nacidos lo han demostrado: si se le canta habitualmente una canción infantil a lo largo del tercer trimestre de embarazo y la madre se la susurra, de nuevo, cuando nace, el corazón del bebé late más deprisa. Sin embargo, si se le tararea una canción que no conoce se queda indiferente. Tanto el timbre de la voz materna como su estado de serena felicidad le seducen... De acuerdo con el doctor Edwige Antier, “cuando la madre se instala confortablemente para tararear una canción o para escuchar la música que le gusta, desde el quinto o sexto mes de embarazo, el bebé capta perfectamente esos sonidos y los retiene porque le resultan agradables”. De la misma forma, los progresos de aprendizaje del lenguaje del recién nacido van a depender de la disponibilidad de los padres para los intercambios verbales. |
| A partir de los 2 meses |
| reconoce su lengua materna |
| Sin duda, el bebé reconoce la voz materna desde los primeros momentos, pero las investigaciones se han realizado a partir del segundo mes de vida. Utilizando la técnica llamada de “succión no nutritiva” (una tetina, colocada en la boca de los bebés, que registra la aceleración de los movimientos de succión, un signo que denota una emoción, una sorpresa, placer...), se ha podido demostrar que cuando los bebés escuchaban el idioma materno mamaban ávidamente, mientras que si escuchaban otro idioma con una estructura gramatical diferente no succionaban. Esto indica que reconocen la entonación particular del idioma materno. Sin saberlo, los iniciamos en la gramática desde la cuna, aunque de momento, de forma somera. |
| el origen del lenguaje |
| Muchas veces los padres se ponen frente a los bebés y hacen tonterías o adoptan un tono de voz muy particular: es el comienzo de una comunicación espontánea. Cuando le canturrean o le dicen expresiones como “mi chiquitín”, “cariño”, instintivamente, el niño sabe que se dirigen a él y aunque no comprende lo que se le dice palabra por palabra, sí capta los matices de las emociones. Les cautiva el entusiasmo del adulto, y como respuesta tratarán de imitar los gestos o movimientos o se agitarán al son de la voz o de las canciones. Para verificar esta intuición se han registrado los latidos cardiacos de bebés que todavía estaban en la maternidad, y se ha constatado que, cuando oían hablar sobre ellos, su corazón latía más deprisa. El lactante percibe las emociones y particularmente aquellas que le conciernen. A partir de aquí, nuestra disposición para comunicarnos con él y nuestra ternura al hacerlo influirán en su desarrollo lingüístico. |
| Alrededor de los 3 meses |
| quiere hacerse entender |
Cuando le hablan de una forma delicada y entusiasta, y con una gran sonrisa, reflejo de una gran felicidad, el niño sonríe también. Es una conversación en la que el adulto une gestos a sus palabras y en la que el bebé percibe un conjunto. Para él, la boca que le habla y le sonríe, y los ojos que le miran forman un todo que le invita a conversar con el adulto. Todo su cuerpo participa en su primer “ajo”. Es necesario decir que la “j” no es precisamente uno de los sonidos más simples que pueden surgir de sus cuerdas vocales. ¡Le supone un gran esfuerzo! Y si nosotros se lo repetimos después, él sabrá que estamos en la misma sintonía. Nuestra alegría le hace crecer. Pero si nosotros le miramos de forma vacía, sin gestos en nuestra cara; si no entendemos este “ajo”, desistirá de ir en nuestra dirección.
En esta línea, algunos estudios realizados en Nueva York sobre las relaciones madre-bebé han puesto de manifiesto que aquellos niños que han recibido mayor estimulación materna presentan mejor nivel de lenguaje y de comprensión en la escuela. |
| Hacia los 6 meses |
| prueba sus registros vocales |
| Se necesitaría ser sordo o ciego, o estar muy deprimido, para resistirse al juego del intercambio lingüístico: “una vez tú, una vez yo”. Todo lo que el bebé es capaz de emitir es una alegría para él, y también para el adulto. Pronuncia gran variedad de fonemas con gran espontaneidad, combinando vocales y consonantes. Con sus balbuceos, trinos y ronroneos, el niño trata de imitar los sonidos de su alrededor. En las respuestas del adulto está quizás la clave para promover pequeños parlanchines o grandes reservados... Aunque son las madres las que transmiten fundamentalmente el lenguaje. Oír hablar e intercambiar emociones es fundamental para convertirse en una persona comunicativa. |
| A los 7 meses |
| no conoce las palabras, pero sí su música |
| “Ma, mu, ba, da, di...” El bebé disfruta con las sílabas preferentemente labiales, las más fáciles de pronunciar. Estudios realizados muestran que todos los bebés del mundo hacen su debut en el lenguaje con ellas. Este parloteo cada vez se parece más al habla de los adultos. Emite sílabas más o menos de la misma duración y entonación, intercalando sílabas largas y cortas, intensas con otras apenas audibles. El bebé va reparando en las distintas particularidades de nuestra lengua, pero todavía tiene dificultad para reproducirla fielmente. Ya lo hará más adelante. |
| Hacia los 9 meses |
| se apoya en el contexto |
| Escucha nuestras conversaciones
y se fija en los indicios que le ayudarán más
tarde a localizar el complemento en una frase. ¿Cómo?
Por ejemplo, al decirle “mamá prepara el biberón”,
él es capaz de distinguir los grupos de palabras porque
le damos algunas pistas. Realmente le decimos “mamaaa
prepaaara el biberón”, y así diferencia
las estructuras de entonación. Por la misma razón
también puede identificar algunas palabras significativas,
las que utilizamos más frecuentemente en nuestra conversación
con él. Seguro que va a practicar con ellas. Al principio
balbucea “papapapa” y, nosotros ilusionados le aplaudimos.
También nos entusiasmamos cuando canta en letanía
“mamamama”: “¡Sí, cariño,
es ‘mamá’ la que te va a dar un beso!”.
El “dododododo” lo interpretamos más libremente:
“Tú quieres dormir, tienes sueño”
o “tienes razón, papá ha cerrado los ojos
y duerme”... Poco a poco, el bebé hace que le demos
un significado a sus gorjeos al incluirlos en nuestro discurso.
Además utilizamos habitualmente una serie de palabras
tales como: baño, biberón, cuna, pelota..., siempre
en las mismas situaciones. Una vez que entiende la palabra “baño”,
por ejemplo, intentará quitarse sus patucos... Estos
vocablos, por ser especialmente significativos para él,
son más interesantes que otros y los va a aprender más
rápidamente. |
| después, enriquecerá
muy deprisa su vocabulario |
| Una vez puestas las tres primeras
palabras en su lugar y encuadradas “dentro” y “fuera”
de su contexto, le siguen otras 5 ó 6. Las que él
considera más útiles: “no”, “sí”...,
pronunciadas, al principio, de forma aproximativa. Pero hay
que hacer de padres, no de profesores. El niño suele
comenzar diciendo “aco”, en lugar de “barco”.
Se pueden tener dos actitudes. Corregirle: “No digas ‘aco’,
di ‘barco’; repite conmigo ‘baaarco”...
La lección podría terminar mal, ya que si el niño
no consigue repetir correctamente la palabra tendrá sensación
de fracaso. La segunda actitud consiste en aplaudir: “¡Has
dicho ‘barco’, cariño. Muy bien!”.
Seguramente, el niño habrá notado la pequeña
diferencia que hemos aportado a su esbozo y, probablemente,
intentará rectificar la siguiente vez que lo pronuncie.
La adquisición del lenguaje no debe hacerse con esfuerzo,
sino con disfrute. |
| Alrededor de los 18 meses |
| se lanza |
| A veces muy pronto y otras más tarde. Cada niño tiene su propio ritmo. No podemos ni debemos establecer un calendario único y común para todos. Hay cuatro tipos de niños: los que hablan antes que sus vecinos y vecinas; los que hablan tarde, pero enseguida con un lenguaje muy estructurado; los que hablan dentro de un periodo normal, siguiendo más o menos las etapas estándar, y los que verdaderamente están “fuera de plazo”. Para estos últimos son recomendables pruebas de audición y comprensión. Si se sospecha la existencia de algún problema, no conviene esperar: hay que acudir al pediatra para que nos remita al especialista correspondiente. Alrededor de los 18 meses, el comportamiento estándar consiste en adquirir de 4 a 10 palabras por día y ponerlas en frases, que al principio son breves: una palabra significativa para él, como mamá o galleta, y otra de apoyo que complementará la información (“más galleta”). Después, utilizará una palabra y un verbo simple (“papá momí”), asociando dos palabras significativas, pero nunca unirá dos palabras de apoyo, ni dos verbos. Esto demuestra que ha interiorizado la lógica gramatical. |
| Alrededor de los dos años, el niño comprende alrededor de 300 palabras, de las cuales puede utilizar 60 y construir frases que contengan hasta 4. Utiliza cada vez más verbos y formula las interrogaciones utilizando la entonación adecuada. Cuando habla de él, se llama por su nombre. Aunque con cierto aire telegráfico, podemos decir que habla, y, por supuesto, entiende mucho más de lo que puede decir. |
| Entre los 2 y 3 años |
| perfecciona |
| Comprende alrededor de 900 palabras y utiliza cerca de la mitad. Le gusta dar a conocer lo que él sabe: identifica los colores y adora nombrarlos, conoce el orden de las cifras y las “canta” hasta diez (aunque no tiene el concepto de cantidad). Habla de sí mismo en primera persona, utiliza el plural, habla en pasado y se felicita por sus hazañas (“he cogido una cuchara”) y utiliza el futuro (“me vas a comprar un juguete”). Sus errores (en las formas irregulares, en la sintaxis...) demuestran que ha captado la lógica de nuestra gramática... No sabe todavía que está llena de excepciones, pero va por buen camino. |
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