| P. Usted es un experto en temas relacionados con la maduración del sistema nervioso. Es decir, en todo lo que lleva a un niño a alcanzar el mayor grado de perfección en su desarrollo. ¿Qué condiciones requiere ese objetivo? |
| R. Por un lado, implica tener un cerebro sano y, por otro, que el medio ambiente sea lo bastante estimulante como para que se pueda producir esa unión entre lo que es orgánico –lo que hemos recibido de nuestros antepasados a través de los genes heredados– y lo que se llama conducta epigenética, es decir, lo que se aprende de la experiencia vivida desde el momento del nacimiento. |
| P. ¿Qué cambios se producen en el cerebro a partir de ese instante? |
| R. Lo más evidente es el aumento de volumen, que puede calificarse de espectacular. Es de tal calibre, que los especialistas se refieren a este periodo como el de “crecimiento explosivo del cerebro”. En concreto, el perímetro craneal de un niño crece a razón de medio centímetro por semana en los cuatro primeros meses y a un ritmo de medio centímetro por mes en los siguientes ocho meses. Después, el aumento es menos impresionante: crece solo dos centímetros en el segundo año y otros dos en el tercero. En el resto de la vida, apenas crece cuatro o cinco centímetros. Eso puede servir para dar idea de los cambios que se operan en el cerebro infantil en estos primeros meses. |
| P. Se refiere a las conexiones cerebrales que se van creando... |
| R. En efecto. Más importante que el volumen es que, desde el momento del nacimiento y mediante informaciones que le llegan del entorno a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto..., las neuronas (células cerebrales) del niño se van poniendo en contacto entre sí a través de las dendritas –terminaciones en forma de ramas de árbol que salen de las neuronas– y esa intercomunicación va estableciendo unas |
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Dr. Jaime Campos
Jefe de Neurología Pediátrica en el
Hospital Clínico San Carlos de Madrid. |
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Las transformaciones que se producen en el cerebro de un niño desde el momento de su nacimiento sorprenden a los propios científicos. Este prestigioso experto en Neurología Infantil explica cómo el entorno y una estimulación adecuada pueden determinar el desarrollo intelectual y el futuro de un niño. |
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| redes cada vez más densas que son las que van a permitir la transmisión de información. Emulando el lenguaje informático, podríamos decir que esas redes neuronales transmiten la información a determinadas zonas del cerebro que son el hardware (disco duro) definitivo que permitirá meter un determinado software (programa informático). |
“El perímetro craneal de un niño crece a razón de medio centímetro por semana en los cuatro
primeros meses y a un ritmo de medio centímetro por mes en los siguientes ocho meses” |
| P. ¿Cuándo se empieza a ver el efecto del medio ambiente? |
| R. Para el décimo día de vida, la información llegada del entorno, a través de los sentidos, ha creado conexiones neuronales suficientes como para que el niño sea capaz de fijar la vista y seguir un objeto en el espacio. Para el final del primer mes, el niño ya sonríe. Por supuesto, no es una sonrisa social; el niño se limita a imitar a la madre al reír. Por eso, para que un niño ría, la madre no solo tiene que ser simpática y cariñosa, sino que tiene que sonreír ampliamente. Si no, el niño no aprenderá esa conducta. Más tarde, a partir del primer año, empezará a exhibir lo que se conoce como personalidad y mostrará signos de preinteligencia, lo que llamamos empatía: la capacidad para conectar con el medio ambiente y provocar reacciones en el entorno. Así pues, los cambios en el primer año son espectaculares. No solo porque el niño puede haber empezado a caminar o a balbucear palabras, sino porque pasa de una conducta pasiva a elegir y proponer, a establecer vínculos entre los padres –no solo la madre–, la familia y él mismo. |
| P. ¿Hasta qué punto es la fisiología y hasta qué punto es el ambiente el responsable de la inteligencia de un niño? |
| R. El aspecto orgánico de una persona constituye lo que, en Medicina, se llama el fenotipo, una serie de rasgos fisiológicos que dependen de factores genéticos. Pero estos factores pueden estar influenciados –y lo están– por el medio ambiente... ¿Qué quiere decir esto? Que por obra de la herencia genética, de padres inteligentes suelen salir hijos inteligentes. Pero también significa que el ambiente, a través de estímulos adecuados –por ejemplo un entorno en el que se favorece el lenguaje como medio de comunicación, en el que se potencia la lectura y en el que los padres siguen de forma cariñosa el progreso de los hijos– va produciendo respuestas que potencian la función intelectual. Del mismo modo, un ambiente que, mediante estímulos positivos, potencie el diálogo como forma de solucionar conflictos producirá conductas muy poco tendentes a la agresión. |
| P. ¿Y cómo actúa exactamente un estímulo? |
| R. El cerebro analiza lo que procede del medio externo y, si ese estímulo recibe el suficiente nivel de motivación, lo introduce en el disco duro. ¿Qué supone eso? Pues que luego el cerebro ya dispone de esa información y podrá utilizarla para otras conductas parecidas o más elaboradas. |
“Un ambiente que, mediante estímulos positivos, potencie el diálogo como forma
de solucionar conflictos producirá conductas poco tendentes a la agresión” |
| P. Se podría deducir que lo mejor es repetir un estímulo para que quede grabado... |
| R. Hasta cierto punto. Porque hay una ley en Biología que dice que una estimulación repetitiva produce respuestas cada vez más monótonas. Lo saben bien los publicistas, que jamás ponen un anuncio más de un número determinado de veces porque tienen claro que la atención se reduce con cada spot. Del mismo modo, un programa de estimulación no es bueno porque se aplique un estímulo 50 veces. Para saber si es correcto, hay que observar qué conducta condiciona cada estímulo. Si le doy a un niño un caramelo y el niño llora, significa que ese estímulo es negativo. Si le pongo música clásica y se relaja, indica que es gratificante y positivo. |
| P. Usted ha dicho siempre que, más que de estimulación precoz, prefiere hablar de estimulación temprana... |
| R. En efecto. Porque precoz quiere decir “antes de”. Y la estimulación debe comenzar cuando la función que se espera que aparezca –por ejemplo, mantenerse recto, caminar, hablar, leer, escribir...– no aparece. Y no antes. Por eso prefiero decir estimulación temprana. Porque ello supone ayudar al niño a que, en el momento en que debe ser capaz de realizar una función, disponga de los medios y circunstancias adecuadas para ejercerla. |
“La estimulación debe comenzar cuando la función que se espera que aparezca
–por ejemplo, mantenerse recto, caminar, hablar, leer, escribir...– no aparece. Y no antes” |
| P. ¿Puede llegar a ser contraproducente el exceso de estimulación? |
| R. Es que realmente no sabemos si es bueno o malo. Hay niños hiperestimulados que son capaces de leer a los dos años y medio. Hay otros en los que ese mismo nivel de estimulación puede producir un trastorno del aprendizaje de la lectura mucho más severo que si hubieran sido estimulados en su momento. |
| P. Sobre todo porque existe también la mala estimulación... |
| R. Vemos constantemente ejemplos en la consulta. Recuerdo el caso de un niño que se pasó los primeros años de su vida viendo ininterrumpidamente películas de dibujos animados. Le habían diagnosticado autismo. Por efecto de la hiperestimulación, había desarrollado una conducta en la que vivía aislado del mundo y emitía sonidos como los de los personajes de los dibujos animados. ¿Cómo acabó? En cuanto se le suprimieron los dibujos, empezó a mejorar y su conducta se normalizó en un plazo de dos años. No hay semana que no veamos casos parecidos. Niños con problemas de tipo psicótico por exceso de estimulación visual, por vídeos, películas... No solo se saben la película de memoria, sino que la película es su vida. Los niños no distinguen la realidad de la ficción. Por eso, la publicidad está regulada en los programas infantiles. Si un niño está viendo una historia atractiva y, a continuación, ve el anuncio, lo introduce en la historia. El uso de esa técnica es lo que se llama publicidad subliminal... |
“Hay niños hiperestimulados que son capaces de leer a los dos años y medio. Hay otros en
los que ese mismo nivel de estimulación puede producir un trastorno del aprendizaje de
la lectura mucho más severo que si hubieran sido estimulados en su momento” |
| P. Pero también se dan trastornos por falta de estimulación... |
| R. Es lo que se veía en las inclusas hace años. Niños que aparentemente nacían sanos y no tenían motivos para estar retrasados respecto de su edad, pero que lo estaban. Un día, alguien se dio cuenta de que el problema era la falta de estimulación, de comunicación sensorial. Bastaba con poner a una persona que se ocupara de cuidar al niño una hora al día –cogerle en brazos, hablarle, sonreírle– para que éste recuperara la normalidad. |
| P. Hoy esos casos no se dan... |
| R. Son raros, pero ocurren. Pasa a veces con esos bebés “buenos”, que no dan la lata. Las mamás los tienen tumbados todo el día, sobre todo si están muy ocupadas, y los niños se quedan mirando al techo. Como en el techo de las casas ya no hay ni lámparas, el niño se pasa las horas mirando a la nada. Al no tener posibilidades de aprendizaje, o ser experiencias demasiado breves como para grabarlas, el cerebro no las introduce en el disco duro, y no las almacena. |
| P. ¿Cree que los padres de hoy están suficientemente informados? |
| R. En general, los padres de hoy leen libros y revistas especializadas y están informados. Es corriente que lleguen a la consulta diciendo: “Doctor, sé que mi hijo o hija debería hacer tal cosa a esta edad y no la hace. ¿Qué opina usted?”. Y los médicos, que hace años tenían pocas nociones de esa primera etapa del desarrollo y quitaban trascendencia a esas quejas, hoy les dan mucha importancia. Y es que se ha comprobado que, si se aprecia alguna desviación de la normalidad que depende de factores ambientales y se trata el problema a tiempo, es posible retomar esa normalidad modificando las circunstancias. En cambio, un retraso en el tratamiento puede acabar con un deterioro mental de un 50%. |
“No siempre se puede aplaudir el comportamiento del niño ni darle todo lo que pide.
El niño tiene que aprender a vivir con la frustración, porque ésta es consustancial con la vida” |
| P. ¿Puede influir la nutrición en el desarrollo cerebral de un niño? |
| R. Depende de la edad. Si sometemos a malnutrición a un niño de cuatro meses, tendremos un 50% de probabilidades de que acabe siendo un retrasado mental. Si hacemos eso cuando tiene ocho años, tendrá parálisis musculares o desarrollará otros trastornos, pero no retraso mental. ¿Qué significa esto? Que en los dos o tres primeros años de vida el niño está en lo que se conoce como “período del imprinting”. Todos los animales atraviesan esa fase de “impresión de conductas”. El jilguero que no aprende a cantar en un momento determinado, ya no canta. En el hombre ocurre lo mismo. Pasa incluso con la vista. Si un niño no ve hasta los seis o siete años, el cerebro no aprenderá a reconocer las señales luminosas y no las interpretará debidamente, aunque se le someta a cirugía correctiva. Y lo mismo vale para la palabra y el oído. Eso quiere decir que, en los primeros años de vida, el cerebro es muy plástico, es decir, sensible al aprendizaje. También por eso es vulnerable a cosas que, en otras épocas, no tendrían esa influencia. |
| P. Nuevos estudios realizados en los EE UU hablan de una generación de “niños mimados”. Al parecer, a los niños de hoy no se les enseña a tolerar la frustración. |
| R. Es que los padres deben proporcionar al niño las gratificaciones correctas, sin excesos. No se pueden ignorar los malos comportamientos; no siempre se puede aplaudir el comportamiento del niño ni darle todo lo que pide. El niño tiene que aprender a vivir con la frustración, porque ésta es consustancial con la vida. Debe aprender comportamientos que le enseñen a sobrellevarla sin traumas. Otra cosa es que luego se recuerden mejor los momentos buenos y que, a través de estímulos adecuados, vayamos produciendo respuestas gratificantes; por ejemplo, además de llamar la atención al niño por tener la habitación desordenada y pedirle que la ordene, felicitarle cuando acabe de ordenarla. |
| P. ¿En qué años concretos se produce esa maduración de las estructuras cerebrales? |
| R. Es difícil dar unos años concretos, porque el cerebro madura toda la vida, pero probablemente los cuatro primeros años sean cruciales para construir los cimientos sobre los cuales se van a asentar conductas cada vez más elaboradas. Si el niño no tiene esos cimientos cuando debe tenerlos –estamos hablando de la época en que aparece el lenguaje, de las primeras relaciones sociales, de la llegada a la escuela infantil–, el niño estará más desvalido y tendrá más probabilidades de padecer trastornos de aprendizaje. |
“La inteligencia se caracteriza por la capacidad de manejar mucha cantidad de información
en cualquier momento.Y no me refiero solo a información abstracta. Supone también
información emocional, cultural, olores, sonidos... todo lo que la mente procesa” |
| P. ¿Cómo se detecta un trastorno de este tipo? |
| R. Un niño de inteligencia normal que no está funcionando en el colegio tiene un problema de aprendizaje. ¿Por qué? Porque le falta alguno de los instrumentos necesarios. Puede ser tanto falta de capacidad de atención como de lectura, de cálculo, de organización del espacio... No significa inteligencia inferior. De hecho, hay problemas, como el de la dislexia, en los que los niños que la padecen parece que tienen más células cerebrales de lo normal; es un fallo en la organización del cerebro. Dicho lo anterior, lo importante es que los padres estén atentos a los problemas de aprendizaje que puedan tener sus hijos para buscar ayuda y ponerles remedio a tiempo. |
| P. ¿Y cómo definiría la inteligencia? |
| R. Diría que se caracteriza por la capacidad de manejar mucha cantidad de información en cualquier momento. Y no me refiero solo a información abstracta. Supone también información emocional, cultural, olores, sonidos... todo lo que la mente procesa. |
| P. ¿Cree que los tests son herramientas útiles? |
| R. Lo que se les critica es justamente que no miden la inteligencia abstracta: esa capacidad de aprendizaje que tiene una persona independientemente de los conocimientos culturales adquiridos. Un buen test de inteligencia sería aquel que pudiera determinar que un labrador de un pueblo perdido tiene el mismo cociente intelectual que un ingeniero de caminos que vive en una gran ciudad. Porque la capacidad de aprendizaje puede ser la misma; lo que el labrador no tiene es la misma cantidad ni el mismo tipo de información almacenada. |
| P. ¿Entonces cómo hay que valorar los resultados de un test? |
| R. El test mide lo que ese niño ha hecho en ese momento. No va a determinar nada respecto del futuro. Eso hay que tenerlo muy claro. Indica que, en ese momento, el niño funciona así. A la hora de haber hecho el test, y si el niño está cansado o tiene la atención puesta en otra cosa, los resultados podrían cambiar de forma notable. Más que un test, lo que los padres deben observar es la conducta motora, intelectual, visual, por separado. Ver cómo todas y cada una contribuyen a la armonía funcional del niño. Es esa armonía lo verdaderamente importante. |
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