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  El éxito escolar también depende de los padres
 
La inteligencia está determinada en gran medida por la herencia genética.
Sin embargo, el entorno es esencial para su desarrollo, de ahí que el ambiente
familiar y la actitud de los padres sean decisivos en la evolución intelectual y el
rendimiento escolar de los hijos.

Sin olvidar que los hábitos de vida sana, una alimentación adecuada y las
necesarias horas de descanso son la mejor garantía para la obtención de
buenos resultados académicos.

Marisol Guisasola
¿Quién es más inteligente, un niño al que le gusta la lectura u otro al que
se le da bien el deporte? ¿Una niña que disfruta resolviendo puzles o la
que dibuja y pinta de maravilla? ¿Un chaval que tiene madera de líder o
aquel que sabe decir siempre la palabra que te hace sentir bien?
“La inteligencia refleja la capacidad para procesar información, lo cual
favorece el aprendizaje, la comprensión, el razonamiento y la resolución
de problemas”, señala el psiquiatra sevillano Luis Rojas Marcos, profesor
de la Universidad de Nueva York y autor de varios libros sobre educación
infantil. “Como cada niño es único, lo mejor es fijarse en las razones que
determinan las diferencias y, a partir de ahí, extraer el máximo rendimiento
de las capacidades individuales”.
¿Cuestión de genes o de entorno?
Es un hecho que la herencia determina el 80% de las diferencias en el grado de inteligencia humana. Sin embargo, el “efecto Flynn” (llamado así porque fue descubierto por el científico neozelandés Robert Flynn) descubre una paradoja: que, en general, cada generación parece dar mejores resultados en los test de inteligencia que la anterior, lo que señala que factores del entorno influyen en ella.
Aunque, como señala el profesor Rojas Marcos, “en esto de la inteligencia ocurre como con el dinero: los ricos tienden a ser cada vez más ricos y los pobres a ser cada vez más pobres”. Es decir, los niños que nacen con una inteligencia más alta que la media tienen más probabilidades de conseguir mejores resultados en el colegio, lo que los sitúa en posición de acceder a estudios en los que la inteligencia tiene más posibilidades de seguir desarrollándose.
Cociente intelectual y curiosidad
Dicho todo lo anterior, la pregunta que subyace en la mente de los padres es: ¿Existe algún método capaz de añadir dígitos a esos números mágicos del cociente intelectual (CI)?
Según los expertos, no conviene iniciar programas de desarrollo de la inteligencia a edad temprana a no ser que el niño no se desarrolle normalmente o bien sea precoz. Para Rojas Marcos, “que un niño/a demuestre curiosidad, disfrute del juego y el aprendizaje y tenga una actitud positiva es un mejor pronóstico de rendimiento escolar que el CI”. Sin embargo, las estadísticas con adolescentes son tremendamente machaconas: a esa edad, lo que de verdad predice el futuro éxito profesional, social y económico es el dichoso cociente intelectual.
Alimentos para el cerebro
Una alimentación “inteligente” que favorezca el desarrollo cerebral comienza en el vientre materno y continúa durante la lactancia, especialmente si la madre sigue rigurosamente las recomendaciones sobre ingesta de vitaminas y minerales (sobre todo, ácido fólico, hierro, yodo, cinc, magnesio, calcio y vitaminas del grupo B... ).
Finalizada la lactancia, el “truco” para conseguir que los niños consigan todos los nutrientes necesarios y en dosis suficientes es animarlos a que prefieran los alimentos beneficiosos (frutas, verduras, pescados, carnes magras, lácteos, huevos, legumbres, cereales integrales...) a los perjudiciales (bollería industrial, snacks, chucherías, exceso de harinas blancas, refrescos azucarados...). La forma de conseguirlo es comenzar en cuanto empiezan con la alimentación sólida. Si el aprendizaje en esa primera etapa no ha sido el ideal, no es tarde para empezar.
“Animar a los niños a que prueben de todo y luego evitar los alimentos que no les gustan durante varios meses mientras su paladar se desarrolla es una buena estrategia”, señala Ana Palencia, bióloga y directora de Nutrición de Unilever España. “En esto, hay que recordar a los padres que una sola intentona no es suficiente. Se calcula que para que el paladar acepte un alimento nuevo son necesarias varias. Asimismo, las madres pueden hacer más apetitoso un alimento presentándolo de forma atractiva o incluyendo en el plato otros elementos que sí aprecia el niño (por ejemplo, añadir nueces, dados de pan frito, ketchup o mayonesa ... a una ensalada o verdura)”.
 
   Cómo construir músculo cerebral
“Para entrenar la mente de un niño, lo mejor es leer con él cada noche”, aconseja Ingegerd Carlsson, psicóloga de la Universidad de Lund (Suecia), que estudia los cambios en la función cerebral relacionados con la creatividad. “Yo diría que el mejor consejo a los padres es que estimulen los intereses y la curiosidad del niño e, incluso, que le animen a tocar algún instrumento musical”.
“Es un hecho comprobado que los niños que crecen en hogares donde la conversación, la lectura y la música están presentes tienden a tener CI más altos y mejores resultados futuros en el colegio”, explica Frances Glascoe, profesora de pediatría en la Universidad Vanderbilt de Berlín Oriental y experta prestigiosa en aprendizaje infantil. Glascoe recomienda además que “los niños dispongan de juguetes coloristas, ruidosos e interesantes tanto en forma como en textura. Pasar más tiempo con un niño durante el primer año de vida se traduce en dividendos para épocas posteriores, tanto en términos de lazos más sólidos entre padres e hijos como en un mayor desarrollo mental”, según esta investigadora.
Por su parte, los niños mayores a los que se los deja solos delante de la televisión o jugando con videojuegos sin compañía no consiguen tan buenos resultados en los estudios como los que interactúan más intensamente con el resto de la familia o con amigos y conocidos. Por eso, la recomendación de Glascoe es “potenciar el aprendizaje activo y el intercambio de ideas, tanto con otros niños como con adultos”.
A medida que crecen, los niños necesitan tiempo y libertad para explorar. Si un niño en etapa preescolar juega en el barro con un amiguito, está aprendiendo lo que tiene que aprender en esa fase. Si un chaval llega a casa agotado porque se ha dejado la piel en un partido de fútbol, está haciendo lo que se espera que haga un chico de su edad.
Deportes, música, juegos de mesa, crucigramas y juegos de palabras... requieren atención, concentración y disciplina y estimulan el desarrollo mental. Sin embargo, los padres deben tener cuidado en no intentar forzar a los niños a que adopten las mismas aficiones que ellos. “Solo porque al padre le guste el baloncesto o el ajedrez no significa que sea el deporte favorito del hijo”, señala Robert Sternberg, profesor de la Universidad de Yale.
“Para desarrollar la inteligencia, no hay que menospreciar la ambición, el coraje, el tesón, el amor propio del niño, que son elementos valiosísimos para el aprendizaje”, añade Rosenberg. “Si tenemos en cuenta cómo razona ese niño, podremos mejorar su rendimiento intelectual; si le enseñamos de forma coherente con sus capacidades, conseguiremos resultados mejores”.
La realidad es que pocas personas llegan a desarrollar todo su potencial y muchas ni siquiera llegan a saber que lo tienen. Las evidencias demuestran que los padres son agentes insustituibles a la hora de desarrollar en los niños las actitudes y herramientas que les permitirán utilizar ese potencial al máximo.
 
 
¿Cuál es la dieta ideal?
Según los expertos en nutrición infantil, los niños necesitan:
 
“Vigilar las raciones es esencial para evitar la obesidad infantil”, señala Ana Palencia. Y añade: “En cuanto a los suplementos vitamínico-minerales, hay que observar las dosis recomendadas. En realidad, el tipo de alimentación que recomienda la OMS (Organización Mundial de la Salud) es la más beneficiosa para el CI y el comportamiento, porque incluye todos los nutrientes esenciales para evitar posibles déficit y, además, evita los alimentos vacíos de nutrientes o perjudiciales”.
No es solo teoría. Como comprobaron en un estudio expertos de la Universidad de Florida, los niños que, a lo largo de 3 meses, tomaron un comprimido que contenía las cantidades de vitaminas y minerales recomendadas por las autoridades sanitarias aprendieron 4 temas académicos al doble de velocidad que los niños que recibieron un placebo (pastilla inocua). En otra fase de la investigación, los mismos expertos vieron que un millón de niños que recibieron un desayuno y un almuerzo equilibrados mejoraron sus resultados escolares en un 16% y que 76 000 de ellos dejaron de pertenecer al grupo de alumnos “con problemas de aprendizaje”.
 
  Desayuno, el mejor combustible para el cerebro

Pediatras y especialistas en nutrición nos repiten continuamente que el desayuno es la comida más importante del día, pero, si echamos un vistazo a las estadísticas, parece que muchos padres no acaban de interiorizar el mensaje. Cometen un grave error. Varios estudios coinciden en que los niños que se saltan el desayuno tienen problemas para concentrarse en clase y más probabilidades de desarrollar síntomas de depresión, ansiedad, inquietud o irritabilidad que los que desayunan debidamente.

 
Otros estudios han demostrado que los niños que desayunan bien consiguen mejores notas que los que no desayunan. Además, es muy difícil consumir las 5 raciones de fruta diarias si no incluimos alguna en el desayuno (tanto fruta fresca como en zumo o en compota).
¿Cómo preparar un desayuno equilibrado y adecuado para los niños
sin que ello repercuta en el apretado horario matinal de la familia?
Lo primero que hay que aclarar es que NO hace falta pasarse horas en la cocina. Como explica el Dr. Javier Aranceta, secretario general de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, “es posible preparar esa comida matutina de forma sencilla y rápida”.
En realidad, muchos padres se sorprenderían de lo fácil que es elaborar una lista de desayunos equilibrados. Para conseguir ese equilibrio de nutrientes, ese desayuno debe incluir proteínas (en lácteos, embutidos magros, carne...), carbohidratos ricos en fibra (en cereales, pan y galletas integrales), vitaminas y minerales (en frutas).
Algunos ejemplos:
Un bol de leche con cereales y fresones picados.
• Un bocadillo de queso con membrillo y una manzana.
• Una rebanada de pan, un quesito y zumo de piña
• Una ración de pasta o de pizza fría (de la que sobró la víspera) y zumo de naranja.
Una tostada con nocilla, un vaso de leche y zumo de manzana.
“En realidad, el desayuno es tan importante en la alimentación infantil que debería ser considerado tan prioritario como los deberes”, señala el Dr. Aranceta. “A los padres que realmente van muy pillados de tiempo, les recordaría que unas galletas y un plátano tomados de camino al cole es mejor que llegar a clase con el estómago vacío”, añade. Y es que los niños y adolescentes no solo necesitan alimentarse bien para atender las necesidades derivadas del crecimiento, sino también para conseguir buenos resultados escolares. Estas son las recomendaciones de los expertos:
1 Poner el despertador para que suene un cuarto de hora más temprano, de forma que todo el mundo (incluidos los padres) tengan tiempo para tomar el desayuno.
2 Dejar preparada de víspera la mesa con boles llenos de cereales, a los que solo haya que añadir la leche (y fruta picada si alguien lo desea así) por la mañana.
3 Tener zumos sin azúcar en la nevera para que los niños se los tomen al levantarse.
4 Preparar un plato central con fruta fresca troceada para que sea más fácil y apetecible incorporarla a la ración del desayuno.
5 Alternar los cereales con pan integral o galletas integrales.
Un consejo útil para días apresurados: tener siempre a mano almendras, nueces, avellanas y pasas; frutas frescas(manzanas, naranjas...); yogures y quesitos descremados; cereales, pan y galletas integrales, zumos enriquecidos con calcio...
Una ventaja adicional de reservar tiempo para el desayuno: que, en esta sociedad de las prisas, puede ser una ocasión fantástica para la comunicación con los hijos.