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¡Déjame intentarlo! |
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| Las prisas, el deseo de que los niños disfruten de su infancia, el afán de perfeccionismo... llevan a los padres a anticiparse en la satisfacción de las necesidades de sus hijos y a evitarles cualquier contratiempo. Lejos de percibirlos como unos padres sacrificados, lo más probable es que el hijo entienda que la sobreprotección de sus mayores obedece a que lo consideran incapaz de valerse por sí mismo. |
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Virginia González
Psicóloga y profesora de Educación Infantil |
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| No hay nada más hermoso que el amor de sus padres para un hijo. El niño necesita sentirse querido y cuidado por sus padres para tener un buen desarrollo emocional. Sin embargo, si se le protege en exceso, se le puede perjudicar más que beneficiar. No se puede mantener al niño permanentemente en un invernadero, convirtiéndolo en el centro de todas las atenciones y ocultándole de todos los peligros. Los padres tienen que dejarle evolucionar para no entorpecer su desarrollo. Pero no siempre sucede así. |
| Cómo comienza la sobreprotección |
| Hay padres que desconocen lo que se le puede exigir
al niño y fomentan conductas más infantiles de
lo que le corresponde por su edad. En otras ocasiones, no dejan
que el niño haga determinadas cosas porque a ellos, evidentemente,
les sale mejor y lo hacen en menos tiempo. Otros piensan que
es mejor hacerles la vida “más fácil”
y procuran anticiparse a cualquier necesidad y demanda de su
hijo antes de que él mismo lo pida; tienden a disculpar
sus errores y tropiezos y tratan de protegerlos a toda costa,
evitándoles cualquier situación conflictiva, difícil
de resolver o que les suponga algún esfuerzo. Los hay
que prefieren evitar enfrentamientos porque no les resulta fácil
mantenerse con firmeza en situaciones estresantes o incluso
simplemente porque el niño tiene una cara encantadora
que “camela”. Estas conductas sobreprotectoras hacia
los niños se pueden observar desde que éstos son
bebés y mantenerse a lo largo de toda la infancia, pero
realmente cuando son problemáticas es en la preadolescencia
(10-12 años). El niño ha tenido siempre la vida
resuelta por sus padres en un ambiente artificial y, cuando
le llega la ocasión de enfrentarse a situaciones difíciles,
como por ejemplo una mayor exigencia escolar, lejos de intentar
solucionarlas, se refugiará en sus “protectores”,
negándose a crecer. |
| Consecuencias |
| Si en lugar de apoyar al niño, sugerirle y guiarle para que aprenda por sí mismo y pueda responder él mismo a las situaciones que le vayan surgiendo, le imponemos, vigilamos y le damos todo solucionado, lejos de ayudarle a crecer, el niño tendrá un escaso desarrollo de sus habilidades (vestirse, comer...) y adoptará una postura de pasividad y comodidad, ya que interiorizará que sus padres, de los que tendrá una gran dependencia, siempre están dispuestos a ayudarlo. Su autoestima será baja y tendrá poca seguridad en sí mismo, creyéndose incapaz de resolver sus dificultades. Le costará mucho tolerar frustraciones, posponer las gratificaciones y no sabrá valorar lo que tiene. Adolecerá de falta de realismo al plantear objetivos, ya que no sabe sopesar el esfuerzo que su logro conlleva. Rehuirá los problemas en vez de tratar de enfrentarse a ellos y no sabrá cargar con las consecuencias de sus propios actos... En resumen, será una persona inmadura y débil que podrá dejarse llevar con más facilidad por las malas amistades o por el ambiente que le rodea. |
| Más vale prevenir |
| Educar es preparar para el futuro, por eso es tan importante que los padres ayuden a los niños a tomar las riendas de su propia vida, con responsabilidad y con capacidad de esfuerzo. Si los padres se empeñan en hacerle ver constantemente que es un niño y que necesita siempre de su ayuda, en protegerle con un amor sofocante, puede ser que se convierta en una persona insegura que se resista a evolucionar, o quizás que trate de romper impetuosamente las ataduras para conseguir su legítima autonomía, con la sorpresa y desconsuelo de unos padres que “¡siempre se han sacrificado por él!”. |
| Ideas que ayudan |
| Si supiéramos lo importante que es para el desarrollo de su personalidad que los niños logren hacer las cosas sin ayuda, les dejaríamos actuar solos en más ocasiones. |
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• Cuando el niño nos pida ayuda, lo esencial es darle las sugerencias con las que solucionar el problema él mismo, con sus propios recursos. |
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• Es normal que el niño cometa errores, pero no nos anticipemos para evitar el tropiezo. Hay que analizar con él de forma objetiva lo que ha sucedido, qué ha hecho de forma correcta y qué es lo que se podría mejorar. Lo positivo es hacerle ver que cada vez le van saliendo mejor las cosas. |
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• Si se quiere realmente ayudar al niño, hay que preguntarle a él si nos necesita y, en el caso de que reclame nuestra ayuda, conviene averiguar qué es lo que realmente precisa. Quizá lo que él nos pida no coincida con el apoyo que pensábamos darle. |
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• Hay que tomarse el tiempo necesario para permitir que el niño se desenvuelva solo. Seguramente nos parecerá una eternidad lo que tarda cada mañana en vestirse, pero a fuerza de ensayarlo conseguirá hacerlo tan rápido como nosotros. |
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• Debemos explicar al niño las razones de nuestras acciones, de modo que pueda actuar por sí solo, aun cuando no haya un adulto a su lado que le indique cómo hacerlo. |
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• No le ahorremos sacrificios razonables: el niño puede perfectamente colaborar en tareas domésticas como poner la mesa, hacerse la cama, recoger su cuarto, sacar la basura o aprender a no dar excesiva importancia a una situación de escasez o incomodidad. Si se es excesivamente indulgente en las exigencias, al niño se le privará de la oportunidad de aprender a hacer frente a lo desconocido o lo difícil. |
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• Ante un niño tímido, los padres deben procurar que salga más de casa, que abra más su círculo de amistades, que comparta sus cosas, etc., pero no forzándole, sino dándole ideas y predicando con el ejemplo, de lo contrario, con los años puede acabar siendo una persona temerosa, solitaria, arisca o desconfiada. |
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• Frente a situaciones que les puedan resultar complicadas, en lugar de evitarlas debemos prepararlos a través del diálogo. Hablar de sus temores, explicarles lo que va a pasar, transmitirles nuestra comprensión..., de esta forma su intranquilidad disminuirá. |
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• Debemos protegerle de los peligros verdaderos, pero sin llegar al extremo de convertirle en una persona débil y temerosa. |
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| Éxitos y fracasos, alegrías y penas |
| El niño necesita sentirse amado y protegido, pero también necesita aprender a superar las adversidades. No se trata de hacerle sufrir, pero tampoco de que viva en un ambiente artificial creado a su medida por el adulto. Para adquirir un equilibrio afectivo, los padres han de tomar parte en los placeres, alegrías y tristezas del niño, y éste, a su vez, debe participar de las alegrías y tristezas de sus padres y así enriquecer el registro de valores nuevos para la vida. El niño necesita probar, saborear sus éxitos, tratar de mejorar y alcanzar metas difíciles, competir, superar sus fracasos... y poder entender los sentimientos de los demás. Hay que prepararle para que pueda participar en la sociedad y para ello no hay que disimularle la realidad cotidiana, hay que permitirle que descubra el significado de los triunfos, de las decepciones, de los gozos y de los desconsuelos, propios y ajenos. |
| Sentimiento de triunfo |
| El niño ha de sentir que es “alguien”, conocer el papel que le corresponde en su vida (no es suficiente ser el hijo de sus padres), sentirse querido y tener éxito personal (hacer él solo cosas que valgan la pena). Si le facilitamos la suficiente confianza en sí mismo para que pueda pensar y sentir por sí solo y le dejamos enfrentarse a las dificultades propias de su edad, podrá extraer recursos y estrategias que le harán sentirse triunfante y le servirán para arreglárselas sin sus padres en un futuro. |
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