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  Lo que pueden hacer los padres
 

Pocos son los padres que han recibido una educación en el uso de los medios de comunicación y son conscientes de las consecuencias que el mal uso puede tener en sus hijos. La televisión se ha convertido muchas veces en el canguro del hogar cuando los padres no pueden atender a sus hijos. Pero se trata de un canguro arriesgado que, en cualquier caso, no puede ser un sustituto de la atención parental.

Son pocos los padres y madres que regulan y controlan el uso que sus hijos hacen de la televisión, unas veces por ignorancia y otras por falta de tiempo. Sin embargo, no todos los contenidos son adecuados para niños y adolescentes. Hay pocos programas televisivos pensados para esta audiencia –algo bastante evidente en España– y toda la familia acaba viendo los reality-show de turno, los programas de cotilleo o el concurso del día. Programas que entretienen pero que son poco educativos, sobre todo vistos de forma inapropiada.
El deficiente conocimiento de los medios que poseen los padres, los malos hábitos de consumo televisivo y la falta de tiempo son los factores fundamentales que impiden una correcta educación en el uso televisivo de niños y adolescentes. A continuación damos pautas para que los padres puedan orientar a sus hijos en el uso de la televisión, los ayuden a ser críticos con ella y a utilizarla adecuadamente.
Cómo usan los niños y los adolescentes la televisión
Es conveniente reflexionar sobre qué les gusta a nuestros hijos de la televisión y el uso que hacen de ella. Para mayor claridad, distinguiremos entre niños y adolescentes, pues son dos etapas claramente diferenciadas que reclaman actuaciones distintas.
Niños hasta los 10 años:  
1 La viven con pasión: les gusta mucho. Les encantan las canciones, los colores y la velocidad de las imágenes.
2 A los de más edad les entusiasman los anuncios. A veces, más que los mismos programas.
3 Suelen ver hasta la saciedad los vídeos o DVD que les gustan y repiten de memoria los diálogos y las canciones.
4 Los más niños se levantan pronto de la cama –sobre todo los fines de semana– y van directos hacia el televisor a ver los programas de dibujos animados.
5 En lo que se refiere al uso de la TV, todavía obedecen a sus padres, aunque con más o menos resistencia. No obstante, están en una edad muy buena para poder educarlos e inculcarles hábitos y valores.
Adolescentes:
1 Curiosamente, son, según los estudios de audiencia, los que menos ven la televisión de la familia. Empiezan a ser autónomos y tienen muchos intereses.
2 Si no tienen alternativas, tienden a ver la televisión. Y por supuesto, encienden el televisor cuando están solos en casa.
3 Muchas veces ven la televisión en detrimento de sus deberes escolares, sobre todo si están poco motivados por el estudio.
4 A veces dejan de salir con los amigos o de hacer otras actividades por ver la televisión. Pero depende del carácter del adolescente.
5 Los mayores no programan su consumo televisivo, pero tienden a tener preferencias: la misma cadena, la misma serie...
6 Los seducen las películas de adolescentes y la música, así como algunas series (culebrones y telecomedias).
7 Tienen tendencia a acostarse tarde por ver la televisión.

El ejemplo de los padres

Las recomendaciones que siguen pueden resumirse en una idea básica: los padres deben predicar con el ejemplo, que sus hijos los vean usando adecuadamente la televisión.
Con niños de hasta 10 años:
1 Dar ejemplo a sus hijos regulando ellos mismos el tiempo de televisión y la forma en que la usan. No es conveniente que el televisor esté siempre encendido en casa. Al contrario, lo conveniente es que normalmente esté apagado.
2 Intentar no usar la televisión en momentos importantes o rituales del día: comidas, cenas, momentos de conversación.
3 Ayudar a sus hijos a ver la televisión seleccionando con ellos los programas y viéndolos juntos.
4 Hablar del contenido de los programas que ven juntos, criticando los aspectos negativos y ensalzando los positivos.
5 Ayudarlos a cuestionarse los programas que ven para desarrollar su espíritu crítico sobre la televisión.
6 Programar actividades alternativas a la televisión: deporte, manualidades, idiomas, lectura o juegos.
7 Preparar conjuntamente actividades familiares para algún día o para los fines de semana.
8 Habituarlos a acostarse a una hora adecuada y promover la lectura en la cama.
9 Regular el uso compulsivo del vídeo o del DVD y seleccionar cuidadosamente las películas que ven.
10 Hablar mucho con los hijos y preocuparse por su desarrollo personal y por sus inquietudes.
Con adolescentes:
1 Seguir acompañando a los hijos a ver la televisión. Discutir sobre los contenidos y programas de interés concediendo crédito a la opinión del hijo, respetándolo.
2 Ayudar a entrar a sus hijos en otros programas que no sean de puro entretenimiento: informativos, documentales, culturales...
3 Procurar que la televisión no interfiera ni en el tiempo de estudio ni en el de reposo.
4 Enseñar a hacer apreciar a los hijos los buenos programas de televisión y sus valores.
5 Cuando tengan que ver programas que a los hijos les gusten y no les agraden a los padres, no mostrar desprecio ni falta de respeto. Eso sí, siempre sin dejar de mostrar una opinión clara y un criterio firme sobre lo que se considere oportuno.
6 Resistirse al consumo individual de la televisión según el cual cada miembro de la familia debería tener un televisor a su disposición. Los padres deben considerar que el tema de la libertad personal depende más de la autonomía crítica de los hijos que de la “libertad” de ver caprichosamente la televisión.
7 No organizar grandes discusiones sobre la televisión en un momento dado para ceder inmediatamente o en los días venideros. Más vale ser firme en lo posible que “especular” en lo imposible. Los hijos van adquiriendo cada vez más criterio y mayor autonomía pero necesitan siempre referencias.
8 Interesarse por los gustos audiovisuales de sus hijos y hablar con ellos de lo que les interesa.
9 Estudiar cómo damos ejemplo a los hijos a la hora de usar el televisor y revisar crítica y constantemente nuestro modelo.
10 La educación de los hijos es nuestra responsabilidad.