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Esto
es mío |
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Antes de comenzar su vida social los niños son esencialmente egocéntricos. El niño es egoísta por naturaleza y no nos debe extrañar o preocupar que quiera lo suyo y lo de los demás, lo que no significa que sea incapaz
de aprender a ser generoso. |
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Virginia González
Psicóloga y profesora de Educación
Infantil
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| Los padres debemos ayudar al niño a superar paulatinamente su egocentrismo para que pueda desarrollar las habilidades sociales que le ayudarán a adaptarse de forma progresiva a la vida en común, tanto de la familia como del centro escolar o su grupo de iguales. Si le proporcionamos seguridad afectiva, poco a poco, podrá ir adquiriendo una autoestima positiva y una autonomía suficiente que le permitirán cooperar y descubrir el valor de estar y compartir con otros. |
| Proceso lento y progresivo |
Reconocer que también existen los demás sin perder la propia identidad es una tarea intelectual que
un niño de 2 años todavía no puede entender. Es un aprendizaje lento y progresivo
cuyas claves
no
empezará a descifrar hasta los 6 años. Durante los primeros seis años de vida sabe delimitar
entre
“lo mío y lo tuyo” o actuar de forma que demuestre
cierta consideración hacia la
persona
que está a su lado: puede entristecerse si ve
triste a alguien e incluso
intentar consolarlo, puede situar un cuento que esté viendo
de manera que pueda
verlo otro o incluso colaborar ante nuestras peticiones, pero
no posee la capacidad
suficiente para describir o darse cuenta del contenido de la
perspectiva del otro.
Hasta que no pueda comprender realmente los valores que
rigen su sociedad no
podrá comportarse de acuerdo a ellos. Pero no es
conveniente esperar tanto:
hay que procurarle cuanto antes muchos contactos
sociales y guiarlo para que
aprenda a convivir y a compartir. Aunque no
interiorice las normas y los valores
hasta más adelante, sí irá adquiriendo el hábito. |
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| Paso a paso |
| Cómo nos gustaría que no cogiese nunca pataletas al grito de “¡es mío!”. Es una expresión que indica que no le gusta que le priven de algo que él considera suyo y a estas edades es una situación bastante frecuente ya que todo había girado en torno a él y a partir de ahora deberá aprender a compartir. Es importante que respetemos el ritmo de cada niño para aceptar y comprender progresivamente cada una de las situaciones. No podemos pedir a los pequeños que se esfuercen más de lo que realmente les es posible. Es el niño quien tiene que adquirir el hábito y de poco vale obligarle a compartir. |
| Lo primero es ayudarle a distinguir entre lo suyo y lo que no lo es, marcando, por ejemplo, sus cosas con una señal y haciéndole ver también que hay cosas que son de todos y que hay que cuidarlas y dejarlas en su sitio cuando se terminen de usar. El siguiente paso sería enseñarle a intercambiar sus juguetes, que acepte prestar la pelota a cambio del cubo y la pala. Por supuesto, las primeras veces será una propuesta del adulto y más tarde partirá de él la idea. Una vez que sea capaz de desprenderse de sus cosas, aprenderá a prestarlas sin contraprestaciones por un rato o a pedirlas él. Éste será un buen momento para enseñarle a respetar turnos, en los que verá la ventaja de disfrutar de sus cosas y de las de los demás. Por último, aprenderá a regalar: haciéndole ver que dicha acción hace sentir mejor a los demás, interiorizará la grandeza de ser generoso y, lo más importante, a disfrutar con ello. Este aprendizaje le ayudará a relacionar generosidad con amor y alegría. |
| La generosidad |
| Ser generosos significa compartir voluntariamente lo que uno tiene: pertenencias materiales, tiempo, sentimientos, experiencias... Pero significa también aprender a recibir. Para poder compartir es importante aprender a apreciar el valor de lo que poseemos. ¿Qué “vale” más regalar un juguete caro o dos horas de mi tiempo? Para contestar a esta pregunta hay que considerar las necesidades de los demás, lo cual no es nada fácil para el niño, pero le será de gran ayuda si a lo largo de su infancia aprende a explicar lo que piensa, siente y desea en distintas situaciones, le hablamos de cómo se pueden sentir los demás y le proporcionamos modelos adecuados. |
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Algunos consejos útiles |
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| • Déjale muy claro lo que es suyo, lo que es de todos, lo que no se puede tocar... Así irá interiorizando los límites. |
| • Hazle ver las ventajas de compartir: es más divertido jugar todos con todos los juguetes que cada uno solo con el suyo. |
| • Establece turnos claros y justos para evitar conflictos. |
| • Sugiérele distintos modos de compartir (intercambiar juguetes, prestar libros, repartir chuches...), eligiendo al principio los objetos por los que menos apego sienta. |
| • Déjale que se esfuerce: permite que de cuando en cuando tenga iniciativas generosas; más adelante, podrá hacer algún regalo con el dinero que ahorre... |
| • En las ocasiones en las que vosotros estéis compartiendo o cediendo, explicadle lo que estáis haciendo y lo contentos que os sentís al hacerlo (“le voy a dejar el último bombón a la abuela, ya veréis que contenta se pone”). |
| • Aprovecha las Navidades, su cumpleaños o alguna campaña, para que elija juguetes en buen estado y pueda obsequiar a otros niños que quizás no tengan su suerte. |
| • Cuando le cueste compartir, recuérdale lo contentos que se pondrán los demás y lo bien que te sentirás tú al saber que él va a disfrutar. |
| • Hazle saber si estás colaborando en labores sociales, formativas o benéficas (apadrinamiento de un niño, ayudas a la parroquia, voluntariado, etc.). |
| • Proponle “encargos” para favorecer que salga de su egocentrismo y se entregue a los demás aprendiendo a valorar y a compartir su tiempo y su esfuerzo. |
| • Ten constancia a la hora de fomentar su generosidad, aunque parezca que no se avanza nada. Son muchos pasos los que habrá de andar el niño: pedir las cosas por favor, devolver lo que le presten, dar las gracias, esperar su turno, intercambiar, prestar, regalar... |
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| Predicar con el ejemplo |
| Todas las personas con quienes interactúa permanentemente el niño contribuyen a su desarrollo social: la familia, los compañeros, los profesores. Será mucho más fácil conseguir que el niño comparta si ve en dichas personas un buen ejemplo a seguir. En este sentido, un ambiente de generosidad en la familia será un modelo muy adecuado para el niño porque interiorizará esta virtud sin que sus padres tengan la sensación de estar enseñándola. De nada nos servirá que le digamos que preste su bicicleta si cuando él nos pide, por ejemplo, nuestra raqueta, nos cuesta dejársela. |
| Valorar sus esfuerzos |
| Compartir conlleva un esfuerzo. Si los padres sonríen o agradecen con entusiasmo las pequeñas iniciativas de sus hijos en este sentido, los estarán motivando a seguir teniéndolas, con ellos mismos en un primer momento y con los demás después. Hay que valorar cualquier pequeño esfuerzo, aunque en principio pueda parecer insuficiente. A estas edades lo que más le puede gustar a los niños es sentir que agradan a sus padres y a las personas que para ellos son importantes. No olvidemos tener siempre a mano un “¡muy bien hecho!” o “me ha gustado como has compartido tus galletas con tu hermano”. |
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