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  Lo mejor para el resfriado
 
Caldo de gallina, infusiones, gárgaras... A falta de un medicamento eficaz, los remedios caseros siguen siendo la mejor manera de combatir el resfriado común.
Marisol Guisasola
Unos 200 virus distintos del resfriado pululan en el ambiente durante los meses fríos. A pesar de tan amplio ejército de enemigos, en esta “era del genoma” la ciencia sigue sin encontrar un fármaco eficaz para el catarro. De hecho, los médicos reconocen sin pudor que los mejores tratamientos siguen siendo los remedios de nuestras abuelas: descanso, caldo de gallina, líquidos calientes y analgésicos comunes. Ésta es una lista de remedios cuya eficacia ha sido corroborada en estudios científicos:
Caldo de gallina
El caldo de gallina con verduras es un cóctel de nutrientes que propicia la curación. Para empezar, tomar un líquido caliente alivia la congestión. Pero, además, el caldo de gallina que proponemos (ver recuadro) contiene vitaminas A, C, B1, B2, B3, B12 y ácido pantoténico, y minerales como calcio, hierro, magnesio y cinc. Una combinación perfecta para potenciar las defensas.
Infusiones con miel
Al beber infusiones no solo tomamos líquido caliente, sino que inhalamos vapor (las bebemos a sorbos, porque tardan en enfriarse), y el vapor fluidifica las secreciones nasales. En cuanto a la miel, varios estudios han corroborado su poder antiséptico.
Gotas de agua con sal o de suero salino
Tienen un doble efecto antiséptico y antiinflamatorio y ayudan a descongestionar la nariz. Si el niño es mayorcito y las tolera, las gárgaras de agua con sal son uno de los mejores remedios para los problemas de garganta.
 
   Caldo curativo
Media gallina con su hueso; 4 zanahorias,
3 puerros, 2 cebollas, 2 dientes de ajo,
1 tomate, 1 rama de apio, todo ello entero
y bien lavado. Poner a cocer todo
en 2,5 litros de agua, en la olla rápida durante una hora. Colar. Se conserva varios días en la nevera.
Una idea: para los niños poco aficionados al caldo, se puede convertir éste en puré, triturando todas las verduras con el caldo. Para hacerlo aún más apetitoso, se puede servir con unos “barquitos” de pan frito.
 
Bondades de la compota de la abuela  
Las recetas tradicionales del invierno rebosan de ciruelas e higos secos, pasas, orejones... Al repasar libros de cocina antiguos, vuelvo a comprobar cómo nuestras abuelas intuían que las frutas secas son la alternativa perfecta en los meses fríos. Más ricas en fibra y en minerales que las frescas –un plus importante en épocas de catarros y gripes–, los expertos no dejan de recordarnos que las frutas secas “también son fruta”. Un dato que conviene tener en cuenta: en cuestión de calorías, 500 gr de fruta seca equivalen a 3 kilos de fresca.