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  Problemas de visión
 
Una visión infantil correcta es fundamental para potenciar el aprendizaje y el rendimiento escolar. Un examen optométrico completo es primordial para diagnosticar posibles anomalías visuales.  
La visión es la capacidad que tiene el ser humano para procesar la información del entorno, obtener un significado y comprender lo que se ve a través de los ojos. La visión es algo más que tener buena agudeza visual.
P. ¿Qué entendemos por ver bien?
R. La mayoría de las personas piensan que ver bien es distinguir nítidamente todos los objetos situados lo más lejos posible. Este concepto no es erróneo, pero sí simplista. Ver no solo implica tener una buena agudeza visual, sino también muchas otras habilidades visuales, como pueden ser la capacidad de enfoque lejos-cerca, la habilidad de mover los ojos correctamente, tener una binocularidad correcta, una buena coordinación ojo-mano, una buena estereopsis (cálculo correcto de la profundidad), etc.
Casi todos los humanos nacen con el potencial de tener “buena vista”, pero la visión se aprende y se desarrolla desde el nacimiento.
Cuando pregunto a los padres si creen que sus hijos ven bien, todos me dicen que “sí”, que incluso ven más lejos que ellos, que distinguen desde mucha distancia las matrículas de los coches... Pero ver, como ya he dicho, no significa solo tener una agudeza del 100% y ver lo más lejos posible, sino también ver correctamente de cerca. Para ello hay que acomodar y converger, y a veces los niños tienen problemas con estos dos sistemas. Para leer se necesitan éstas y otras habilidades importantes, como, por ejemplo la motilidad ocular, que normalmente no se tienen en cuenta en los exámenes visuales rutinarios.
P. ¿A qué edad se recomienda hacer un examen visual?
R. Es recomendable realizar un examen visual al nacer, a los 6 meses, a los 2 años y a los 4 años. Estas cuatro etapas son fundamentales en el desarrollo, ya que nada más nacer podemos descartar la presencia de errores refractivos elevados, que además si solo se presentan en un único ojo ocasionarán lo que se denomina un ojo vago. De los 6 meses a los 2 años es muy importante evaluar el correcto desarrollo de la visión binocular para detectar posibles estrabismos. Normalmente la vía visual está completamente desarrollada a los 2 años, aunque hasta los 5 no se llega a tener una agudeza visual del 100%. A partir de los 4 años se recomienda una revisión al año, ya que se van a producir muchos cambios en el desarrollo del niño y, como además empieza la escolarización, los ojos tienen que estar preparados para responder a las demandas visuales que esto conlleva. Aunque el niño sea algo mayor y no se le haya hecho ningún examen visual, nunca es tarde, ya que su plasticidad es muy grande y siempre se puede mejorar su visión en caso necesario.
P. ¿Un problema visual puede influir en el fracaso escolar?
R. Sí. A través de estudios realizados en el campo de la optometría, se ha comprobado que existe una estrecha relación entre el rendimiento visual y el escolar.
Para enfrentarse a las exigencias que hoy en día tienen los escolares, es necesario tener desarrolladas habilidades como la agudeza visual, la motilidad ocular o la binocularidad, entre otras.
   ¿Cómo se puede detectar un problema visual?
Es importantísima la labor de los profesores en los colegios porque son los que, al estar más tiempo con los niños, pueden observar posibles anomalías y ayudar a hacer una detección precoz. Hay una serie de signos, observables por padres y profesores durante la lectura, escritura o trabajos de cerca, que pueden evidenciar un problema visual:
  Falta de interés por la lectura. Se saltan las líneas o las releen.
  Pérdida del hilo de la lectura. Lectura lenta o palabra a palabra.
  El niño al leer sigue el texto con el dedo. Evita toda tarea de cerca.
  Giros extraños de las palabras. Vocalización en voz baja durante la lectura, constatada por el movimiento de los labios.
  Dificultad para recordar lo que ha leído. Se observa una rigidez corporal cuando quiere mirar los objetos de lejos.
  Las letras o los signos se juntan o se los salta. Se acerca demasiado cuando lee o escribe,
y adopta una mala postura.
  Cejas fruncidas, parpadeo excesivo u otras deformaciones faciales cuando lee. Movimientos exagerados de la cabeza cuando lee.
  Fatiga constante, nerviosismo o irritabilidad. Mala habilidad perceptiva, como, por ejemplo, la confusión de la “o” por la “a”, la “n” por la “m”, etc.
  Fatiga o laxitud después de una tarea de cerca. Falta de atención, temblores o lloros.
  Visión doble de los objetos. Confusión mirando de lejos, después de un trabajo de cerca.
  Sensibilidad exagerada a la luz. Dolores de cabeza, náuseas o aturdimientos asociados al uso de los ojos de cerca.
  Párpados rojos o hinchados. Estrabismo o bizquera hacia fuera o hacia adentro.
  Frotamientos frecuentes de los ojos. Cierra o se tapa un ojo para poder ver mejor con el otro.
  Pasos falsos y caídas frecuentes. Mala coordinación del ojo y la mano, que se manifiesta por la dificultad al jugar al tenis, atrapar una pelota u otra actividad parecida.
  Avanza la cabeza para ver mejor.  
P. ¿Cómo puede influir la motilidad ocular en el aprendizaje?
R. Los ojos están gobernados por seis pares de músculos que tienen que estar completamente sincronizados para poder ver bien. Tienen que tener una precisión absoluta, ya que deben enfocar al mismo punto del espacio; si no, la visión puede ser doble, o aparecer otro tipo de síntomas que influirán en el aprendizaje del niño. Por tanto, la motilidad ocular tiene que ser la adecuada para poder desplazar los ojos con velocidad, control y precisión durante la lectura, y así poder obtener el máximo de información en el menor tiempo posible. Si el movimiento es lento, torpe o no coordinado, los ojos pueden, por ejemplo, saltarse de línea o perderse, con lo que la cantidad de información obtenida será reducida. El niño, al tener que hacer tanto esfuerzo en seguir la línea, no entenderá lo que lee, se retrasará en el aprendizaje y al final se le tachará de “torpe o vago”. Tendremos un fracaso escolar, ya que los primeros años en el colegio son la base sobre la que se asientan los aprendizajes de los niveles superiores.
P. ¿Qué es la visión binocular?
R. Es la habilidad de trabajar con ambos ojos a la vez. El sistema visual está diseñado de forma que ambos ojos actúan formando un equipo, de manera que parezcan uno. Muchas veces la coordinación entre los dos ojos no es buena y puede ocurrir que un niño, cuando quiere leer “LE”, lea “EL”. Lo primero que piensan los padres es en una dislexia, pero puede tratarse de una hipermetropía descompensada, que se puede compensar con unas gafas, o de un exceso de convergencia, que se puede tratar con terapia visual.
P. ¿Qué posibles soluciones hay para un ojo vago?
R. Primero hay que compensar el error refractivo, si es que existe, y después hay que rehabilitar el ojo mediante terapia visual para hacer que trabaje de nuevo.
Poner el parche como solución no es suficiente, porque aunque puede subir la agudeza visual, si no rehabilitamos el ojo y le enseñamos a trabajar conjuntamente con el otro, habrá de nuevo un retroceso de su agudeza visual, que es lo que suele pasar cuando se le quita el parche al niño. Por esto, es fundamental hacer una terapia visual, porque es la única forma efectiva de rehabilitar un ojo vago.
P. ¿Qué es la terapia visual?
R. La terapia visual consiste en una serie de ejercicios que pretenden mejorar la capacidad visual de la persona, para así lograr una visión binocular lo más eficaz posible.
Cuando el sistema visual trabaja de una manera eficiente, puede percibir, procesar, y comprender más y mejor la información visual. Debemos recordar que la información que procesamos la proporciona en un 80% nuestro sistema visual. Por ello, la terapia visual es fundamental para potenciar todas aquellas habilidades que se hayan diagnosticado como insuficientes.
Para finalizar, me gustaría destacar la importancia de hacer un diagnóstico precoz, para poder así evitar todos los problemas anteriormente mencionados.
¿Cuáles son los principales problemas visuales?

Podemos diferenciar dos grandes grupos:

Problemas de refracción:

Miopía:
Dificultad para ver bien las cosas que están lejos, debido a que la longitud axial del ojo es demasiado grande o a que la lente es demasiado potente y, en consecuencia, la imagen se forma delante de la retina.
Hipermetropía:
El ojo hipermétrope tiene la longitud axial más pequeña o la potencia del sistema óptico es insuficiente. Dependiendo de la edad y de la cantidad de dioptrías, los pacientes tienen problemas en visión próxima y también en visión lejana.
Astigmatismo:
Se trata de un defecto generalmente congénito, debido a la desigualdad del radio de curvatura de la óptica del ojo. Los síntomas que produce van desde la disminución de la agudeza visual de lejos y de cerca hasta dolores de cabeza, enrojecimiento de los ojos, sensación de arenilla e intolerancia a la luz.
 
Problemas binoculares:
Estrabismo:
Consiste en la desviación de los ejes visuales. Si el grado es considerable, se percibe de forma externa (se tuerce el ojo hacia dentro o hacia fuera). Otras veces no se nota, ya que el grado de desviación es pequeño, pero esto no significa que no exista.
Ambliopía (ojo vago):
Cuando un ojo es privado de su visión o la imagen que llega a su retina es muy diferente a la del otro ojo (en calidad, tamaño, forma o posición), el cerebro poco a poco va inhibiendo la imagen del ojo “malo” hasta llegar a suprimirla por completo.
Forias elevadas:
Al mirar un punto próximo, los ojos tienen que enfocar y converger en ese mismo punto. Cuando no lo hacen, se puede tener un exceso de convergencia, acercando mucho el punto de enfoque, o, por el contrario, dificultades para converger, con lo cual, si se acerca demasiado, puede utilizar un solo ojo.