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  Piercing y tatuajes: Los riesgos de “decorar el cuerpo”
 
El “piercing” y los tatuajes que tanta aceptación tienen entre los jóvenes son una práctica no exenta de riesgos, desde reacciones pasajeras hasta serias complicaciones, que hay que conocer para poder prevenirlos.
C.P.
En los últimos años, la moda del piercing y del tatuaje no para de ganar adeptos entre los jóvenes españoles. Para unos, llevar un tatuaje o un aro en la nariz o en la lengua es un signo de distinción, de marginalidad o de pertenencia a un grupo, y para otros, un recurso más para embellecer su cuerpo. Por el contrario, sus padres probablemente no verán en ello más que una autoagresión al propio organismo (y no les falta razón). Sea como fuere, lo importante es que, cuando un chaval se plantee “decorar su cuerpo” con estos métodos, se tome un tiempo para pensar en las consecuencias antes de dar el paso, que conozca los riesgos que entraña su decisión y tome todas las precauciones para evitarlos.
Una práctica no regulada
Lo primero que debe saber es que la práctica del piercing y los tatuajes no está regulada sanitariamente de igual manera en todo el territorio nacional. Solo en algunas Comunidades Autónomas se exige una determinada titulación o haber realizado cursos homologados por instituciones sanitarias a quienes se dedican a estas prácticas. Así que es fundamental asegurarse de que quien va a realizar el piercing o el tatuaje es un profesional con experiencia y conocimientos, y que su lugar de trabajo reúne las condiciones imprescindibles de higiene (ventilado, limpio, luminoso). Además, el profesional debe utilizar guantes quirúrgicos e instrumentos de perforación estériles, envasados y sellados, y desprecintados solo en presencia del cliente, lo que garantizará que son de un único uso.
Si tu hijo se ha empeñado en tatuarse o colocarse una anilla en el ombligo y no logras disuadirle, no lo dudes: es preferible que te resignes y colabores con él en la búsqueda de un establecimiento adecuado antes de que opte por hacérselo a escondidas en cualquier parte, como en los puestos que a tal fin se instalan en ferias o discotecas, sin ninguna garantía higiénica. Otra cosa que ha de quedar clara es que en el caso de menores de edad es imprescindible la autorización de los padres, una exigencia que se saltan con más frecuencia de lo que pensamos muchos establecimientos. Exigir una factura por el pago de servicio es fundamental por si después hay que hacer alguna reclamación.
Una huella indeleble
Antes de tomar la decisión, también hay que tener en cuenta que tanto el tatuaje como el piercing, por muy pasajera que sea esta moda, son permanentes, es decir, que duran toda la vida. Es muy probable que con la misma desesperación que ahora quieren hacérselos deseen más tarde o más temprano quitárselos, porque hayan madurado, porque les cause problemas a la hora de encontrar trabajo o, simplemente, porque ya no se lleven. Pero dar marcha atrás no es fácil.
Las perforaciones pueden dejar huella y cicatrices a la larga, por lo que conviene evitarlas en las zonas más sensibles del cuerpo. En cuanto a los tatuajes, que consisten en aplicar pigmentos –los vegetales son más recomendables que los minerales– bajo la piel, solo desaparecen, al cabo de unos meses o años, los de micropigmentación. El resto únicamente podrán ser disimulados con técnicas quirúrgicas. En caso de ser pequeños y de forma lineal basta con una resección de la piel y una sutura, y en el lugar del tatuaje quedará una cicatriz. Pero si son grandes, será preciso hacer un injerto de piel del propio paciente. El láser es otra alternativa, pero además de costosa no garantiza una solución plenamente satisfactoria, ya que se quema la tinta pero permanecerá el recorrido del dibujo.
Adornos con riesgo
Los riesgos de las perforaciones y tatuajes incluyen desde simples reacciones pasajeras hasta serias complicaciones:
  Alergias. Las más comunes son las provocadas por los materiales de que están hechos los propios piercings. Para evitar problemas, deben ser de un material hipoalérgico: titanio, platino, niobio, oro u acero quirúrgico, y evitar los de plata, bronce, cobre y los chapados en oro. La tinta o los pigmentos de los tatuajes también pueden ocasionar alergias que pueden llegar a producir el abultamiento de la piel y requerir, en casos extremos, intervención quirúrgica.
  Infecciones. Cuando no se emplean técnicas estériles, se pueden introducir bacterias y virus en la corriente sanguínea, entre ellos el del tétanos, la hepatitis B y C e incluso el SIDA. Las zonas de mucosa (boca, nariz, lengua y genitales) son más sensibles a contraer infecciones permanentes.
  Traumatismos. El piercing puede producir deformación del tejido, lesiones en los nervios, cartílagos y venas, dependiendo de la zona en que se realice. Hay partes del cuerpo, como la lengua, el ombligo, que están, además, más expuestas al arrancamiento, ya sea por el roce o porque el adorno puede quedar enganchado con facilidad en la ropa. La perforación de la lengua puede dar por resultado una pérdida permanente de sensación, dificultad para hablar, pérdida de la capacidad de captar sabores y problemas de respiración, si la hinchazón es severa.
Precauciones básicas
Los especialistas sostienen que no estaría de más acudir al médico antes de hacerse un piercing o un tatuaje para aclarar posibles problemas de orden alérgico y de cicatrización, o consultarle la conveniencia de algún tipo de vacunación previa (son recomendables la vacuna antitetánica y la de la hepatitis B). Además es importante:
  No tener antecedentes alérgicos.
  No estar cursando ningún tipo de enfermedad o infección en el momento de tatuarse o efectuarse el body piercing. Un simple resfriado deja el sistema inmunológico debilitado y cualquier elemento extraño que se incorpore al organismo puede agravar esa inmunodepresión.
  Tanto el piercing como el tatuaje se deben realizar sobre piel sana, sin quemaduras, reacciones alérgicas o enfermedades dermatológicas crónicas.
  Hacer una buena higiene previa de la zona a tratar. Lavar con agua y jabón y algún antiséptico.
  Después del tatuaje o la perforación hay que realizar las curas hasta que el proceso inflamatorio normal de la piel ceda. Aplicar una crema o líquido antiséptico al menos durante las primeras 48 horas. Evitar el sol los primeros días, así como el baño en el mar o en las piscinas hasta que el proceso de cicatrización haya concluido: de hecho, el verano es una época poco recomendable para el piercing, debido a que el propio sudor dificulta la cicatrización de la herida.
  Controlar la zona y recurrir enseguida al médico ante síntomas como fiebre, enrojecimiento, inflamación, dolor o molestias.
  En el caso del piercing, es recomendable evitar las partes del cuerpo más sensibles. Los especialistas insisten en que la cara y el dorso de las manos son dos zonas que no deberían ni tatuarse ni perforarse, ya que tanto por sus consecuencias físicas como sociales la mayoría de las personas que lo hacen acaban arrepintiéndose.